El pasado sábado 24 de mayo, el Quindío se vistió de luto. Diez vidas se apagaron en el trágico accidente ocurrido en el puente helicoidal de Calarcá, entre ellas la de Deiver Felipe Vargas Junca, un joven de 18 años con una luz imposible de ignorar.
Nacido en Melgar, Tolima, pero formado entre los paisajes de Armenia, Deiver representaba el espíritu de una nueva generación: inteligente, apasionado, alegre y lleno de sueños por cumplir. Se había graduado en 2024 de la Institución Educativa Santa Teresa de Jesús, y con el entusiasmo de quien da el primer gran paso, había comenzado su primer semestre en Ingeniería Civil en la Universidad Alexander von Humboldt.
Desde pequeño mostró una mente despierta. Las matemáticas, la física, el diseño y la lógica eran para él herramientas para crear, no barreras. Construía con bloques, soñaba con puentes, edificios, caminos. Soñaba con dejar huella en el mundo que habitaba. Amaba el tejo, deporte que compartía con orgullo, y tenía otro sueño más terrenal, pero no menos importante: tener su propia camioneta, símbolo de libertad, esfuerzo y logro personal.
Deiver no era solo brillante. Era un joven que se hacía querer, que conectaba con los demás desde la risa, la empatía y la autenticidad. Extrovertido, generoso, siempre listo para escuchar o alegrar el día a alguien, fue construyendo vínculos sinceros allí donde iba. En los pasillos de la universidad, su presencia era chispa y energía; en su círculo de amigos, era esa voz que une, que suma, que permanece.
Su muerte ha dejado un profundo vacío: en los brazos de sus padres, en el corazón de sus amigos, en el aula que ya no lo verá regresar. Pero también ha dejado algo más fuerte que la ausencia: memoria viva. Porque quienes lo conocieron no hablarán de él solo en pasado, sino como un joven que sigue presente en cada anécdota, en cada carcajada compartida, en cada sueño que aún vibra.
Como expresó su familia con dolor, pero también con fe: “Deiver ya no estará aquí físicamente con nosotros, pero sí estará en el cielo, al lado de Dios, ayudándole a construir el cielo desde donde nos estará cuidando.”
Desde Quindío Noticias nos unimos con respeto y afecto al dolor de su familia, sus amigos y su comunidad educativa. Deiver soñaba con construir el mundo… y ahora, desde el cielo, seguirá edificando amor, recuerdo y eternidad.







