
Ariel Castro compareció ante una corte de Ohio para enfrentar cargos de violación y secuestro de Amanda Berry, de 27 años -quien durante su cautiverio tuvo una hija, Jocelyn, hoy de 6 años-, Gina DeJesus, de 23, y Michelle Knight, de 32.
Recibió cadena perpetua más 1.000 años de cárcel el jueves. Debido a un acuerdo con la Fiscalía, el convicto evitó la posibilidad de pena capital por un aborto involuntario y forzado a una de las mujeres. Las tres jóvenes desaparecieron entre 2002 y 2004, cuando tenían 16, 14 y 20 años. Las tres escaparon en mayo pasado, cuando una de ellas destrozó parte de una puerta y pidió ayuda a los vecinos.
En lo que se suponía era un pedido de disculpas a las víctimas, Castro aseguró que no es un asesino. “Soy adicto a la pornografía, al punto de que me hace impulsivo y no sé lo que hago”, dijo Castro. En su declaración ante el tribunal que lo juzga por 937 cargos de secuestro, violación y asesinato, el acusado había hecho un último intento por reducir una condena que finalmente alcanzó los 1.000 años de cárcel.
“Cuando era niño fui abusado y esto me llevó a la vida que llevé. Fui un buen trabajador, pero al final empecé a faltar y traté de que me echaran”, fueron sus primeras palabras ante el juez.
“No podía manejar toda la situación que tenía en casa. Cuando secuestré a la primera víctima, no fue un plan. Ese día escuché que ella iba a algún lado y reaccioné impulsivamente”, explicó.
Castro dijo: “Cuando llegaba a casa, aunque parezca una locura, me agradaba ver la situación y mi hija me visitaba”.
“¿Qué clase de padre fui yo? -se preguntó-. El mejor. Yo la crié durante seis años, tuvo una vida normal, la saqué en público, iba a misa y en casa era una vida normal, de una familia normal”.
Luego se refirió a las torturas sexuales a las que sometía a las tres jóvenes que mantenía ocultas en su casa: Gina De Jesus, Amanda Berry, Michelle Knight.
“El sexo que ocurrió en la casa fue por consentimiento mutuo. Los cargos de violencia no son ciertos. Muchas veces ellas me pedía sexo. Estas mujeres no eran vírgenes, a veces ellas me pedía sexo”.
“Básicamente quiero decir que no soy un monstruo, no soy un depredador. Actué por mis instintos sexuales y nunca les pegue a esta mujeres”, agregó.
Ensayó un pedido de disculpas: “Señor Juez, no encuentro palabras, es parte del problema que tengo. Cuando empiezo a hablar, de repente me quedo sin palabras. Lamento todo esto, me disculpo, llegará el día del Juicio Final. He estado leyendo la Biblia, orando, pidiendo perdón, ayuda, debido a esta adicción sexual”.
FUENTE: INFOBAE.COM






