l instinto natural de proteger a los más vulnerables le costó la vida a un joven trabajador que solo intentaba evitar una tragedia intrafamiliar. Lo que comenzó como un valiente acto de solidaridad ciudadana para salvar a una mujer y a un niño de una brutal agresión, terminó convirtiéndose en un verdadero baño de sangre y en una dolorosa pérdida que hoy clama justicia a gritos.
Un joven barbero no soportó los desgarradores llamados de auxilio y decidió intervenir, sin imaginar que se enfrentaría a un desalmado verdugo. Cuando los vecinos intentaron mediar para que el agresor se tranquilizara, el descontrolado sujeto desenfundó un cuchillo y comenzó a atacar indiscriminadamente a todos los presentes.
El trágico episodio ocurrió en el barrio Restrepo, en Bogotá. La víctima fatal, Joseph Murillo, intentó huir tras ver a un vecino herido de gravedad, pero tropezó y cayó. En ese momento de total indefensión, el agresor de 17 años se abalanzó sobre él y lo apuñaló con absoluta sevicia. Joseph logró levantarse, pero se desplomó a los pocos metros, herido de muerte. Otras tres personas resultaron lesionadas en el ataque.
El asesino fue capturado en flagrancia. Sin embargo, al ser menor de edad, la ley establece que solo pagará un máximo de 8 años en un centro preventivo. Destrozada, la madre de Joseph pidió intervención urgente del Gobierno: “Mi hijo corrió para salvarse y no pudo. Las leyes son injustas porque protegen al menor, pero es un asesino”.






