La historia de Ana María Saavedra Caicedo, la joven de 23 años que sobrevivió al colapso de un edificio durante el terremoto del pasado 10 de agosto, tendrá ahora un nuevo capítulo marcado por la esperanza. La joven recibirá un apartamento completamente amoblado, como parte de las ayudas destinadas a familias damnificadas por la emergencia.
El anuncio fue realizado este viernes 28 de agosto desde Cali por el presidente Abelardo De La Espriella, quien informó que el Gobierno nacional, en alianza con la constructora Marval, entregará cuatro viviendas amobladas a familias afectadas por la tragedia registrada en el Valle del Cauca.
Entre los beneficiarios está Ana María, la única sobreviviente de su familia y de las trillizas Saavedra Caicedo. Durante el terremoto, el edificio donde se encontraba su familia colapsó y bajo los escombros murieron sus padres, Jairo Saavedra y Victoria Caicedo, y sus hermanas trillizas, Sofía e Isabel Saavedra. También falleció un tío.
La joven resultó gravemente herida y tuvo que ser sometida a una cirugía especializada. Antes de ingresar al quirófano, pronunció una frase que quedó marcada en medio de la tragedia: “Doctor, yo necesito vivir. Dios me tiene para cosas grandes”.
Ahora, mientras continúa con su recuperación física y emocional, Ana María contará con un lugar para comenzar nuevamente su vida. Debido a que permanece bajo atención médica, su prima Daniela Tangarife recibió las llaves del apartamento en su nombre durante el acto realizado en Cali.
“Uno de los apartamentos es para Ana María Saavedra, que perdió a sus hermanas y padres. Qué caso tan duro”, manifestó el presidente durante el anuncio, al referirse a la historia de la joven y al impacto que tuvo el terremoto sobre su familia.
Además de Ana María, los otros beneficiarios de las viviendas donadas son Diana Marcela Troncoso, Cristian López Arango y Maryori Basto Flórez, quienes también resultaron afectados por la emergencia.
La entrega del apartamento representa un respaldo para Ana María en medio de un proceso que ha estado marcado por la pérdida de sus seres queridos, las lesiones sufridas y una recuperación que trasciende lo físico. Su historia, sin embargo, también se ha convertido en un símbolo de resiliencia y supervivencia frente a una de las tragedias más dolorosas del terremoto.
A pocas semanas de aquella frase que pronunció entre la vida y la muerte -“Dios me tiene para cosas grandes”-, Ana María comienza a recibir una ayuda que busca darle un techo y, sobre todo, una oportunidad para reconstruir su vida después de haberlo perdido prácticamente todo.






