Las aulas infantiles deben ser refugios seguros para el desarrollo de los menores, pero una reciente grabación ha destapado una cruda realidad que hoy genera repudio nacional. Una practicante universitaria decidió romper el silencio tras presenciar conductas irregulares al interior de un reconocido centro de estimulación, dejando al descubierto un aparente método de tortura camuflado de corrección disciplinaria.
El material audiovisual que desató el escándalo es desgarrador. Muestra a un pequeño totalmente inmovilizado con trozos de tela y bañado en lágrimas tras cometer un simple error, propio de su edad. Lo más escalofriante de la situación no fue solo la escena en sí, sino la inaudita justificación de los responsables del lugar frente al llanto del menor, lo que obligó a la intervención de las máximas autoridades de protección familiar.
El perturbador caso se registró en Cali. En el video grabado por la psicóloga Katerine Trujillo, al preguntarle al niño de 5 años por qué estaba atado a la silla, este respondió entre sollozos: “Rompí el platico y regué la comida”. Trujillo comprobó que el castigo era recurrente y denunció que a otro niño lo “regulaban” mojándole la ropa y dejándolo empapado. Cuando cuestionó el amarre, una trabajadora respondió secamente que era “para que aprenda a valorar la comida”.
Tras la llegada de la Policía de Infancia y Adolescencia, el discurso del centro cambió, intentando culpar a la practicante por grabar y afirmando que los padres autorizaban estas prácticas. Increíblemente, al ser contactado, el padre del niño atado amenazó con enviar a sus abogados contra la denunciante, preocupado por la exposición en redes antes que por los derechos de su hijo. El ICBF asumió la investigación y la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR) suspendió temporalmente el convenio de prácticas con el establecimiento.






