La sed del campo quindiano se agrava. Ya son cuatro los municipios del Quindío con racionamiento de agua para uso agrícola a causa de la intensa temporada seca. Lo que en agosto comenzó con restricciones en dos municipios se amplió, por la falta de disponibilidad del recurso, a Montenegro, Circasia, Filandia y una zona de Calarcá.
Así lo confirmó el director del Comité de Cafeteros del Quindío, José Martín Vásquez, quien reconoció la complejidad de la situación. Según explicó, la medida obedece a que hoy no hay disponibilidad de agua al 100 %, un panorama agravado por el impacto del Fenómeno del Niño. “Es un tema muy complejo; el impacto de este fenómeno motivó que desde el Comité se dé un racionamiento en diferentes municipios”, advirtió el dirigente gremial.
Y en el corazón del Eje Cafetero, hablar de agua es hablar de sustento. El racionamiento golpea directamente la caficultura —incluidas la renovación de cafetales y las nuevas siembras— y la actividad pecuaria, es decir, el pan de miles de familias campesinas. A esto se suma un golpe que el departamento aún no supera: las consecuencias del terremoto del 10 de agosto. El campo quindiano, en resumen, enfrenta hoy dos emergencias al mismo tiempo.
Frente a este escenario, el Comité viene entregando recomendaciones desde hace meses para que los usuarios conserven el recurso. La principal: aprovechar las aguas lluvias y contar con tanques de almacenamiento que permitan atender las necesidades básicas durante los racionamientos. “Hacemos la invitación a nuestros usuarios para ese uso adecuado del agua”, insistió Vásquez, quien recordó que el objetivo es que el líquido llegue de forma equitativa a todos y que las labores del agro no se detengan.
El panorama, sin embargo, no será pasajero. De acuerdo con el Comité, el Fenómeno del Niño se extendería hasta enero, lo que anticipa varios meses más de restricciones. Por eso el llamado es a la previsión desde ya: almacenar, reutilizar y racionalizar cada gota. En una tierra que vive del café, cuidar el agua hoy es proteger la cosecha —y el bolsillo— de mañana.






