Un contrato de 800 millones de pesos firmado por el alcalde de Montenegro, Gustavo Adolfo Pava Busch, tendría al municipio en medio de una controversia. El monto, el plazo de apenas cuatro meses y la presunta cercanía que se denuncia entre el mandatario y el contratista habrían puesto el proceso bajo la lupa de la ciudadanía y las veedurías, en plena emergencia por el sismo del 10 de agosto.
Se trata del contrato No. P3.472-2026, suscrito bajo las figuras de urgencia manifiesta y calamidad pública (decretos 048 y 049 de 2026). Según el documento, fue adjudicado de forma directa a Central Service CR S.A.S., representada por César Augusto Rodríguez Parra, para el alquiler de maquinaria pesada destinada a la remoción de escombros en zonas urbana y rural, con un plazo de 120 días calendario.
¿Qué habría encendido las alarmas? Primero, la urgencia manifiesta permite contratar sin licitación pública, sin competencia abierta de oferentes. Segundo, el contrato contemplaría un anticipo del 50 % —400 millones— a la firma del acta de inicio, presuntamente antes de remover el primer escombro. Y tercero, según se denuncia, alcalde y contratista figurarían con cédula expedida en Montenegro, dato que habría alimentado los cuestionamientos por una presunta cercanía entre las partes.
El contratista, no obstante, habría declarado bajo juramento en el documento no estar incurso en inhabilidades ni conflictos de interés. Sectores de la comunidad también cuestionarían que una labor de contención primaria, como la remoción de escombros, tenga un plazo de ejecución de 120 días y un costo tan elevado. La discusión, en todo caso, gira en torno a la forma en que se estructuró el proceso, más que a la necesidad de atender la emergencia.
Montenegro sería el segundo municipio más golpeado por el terremoto, tras Quimbaya, y nadie discute la urgencia de remover escombros y proteger vidas. Lo que exigen ciudadanía y veedurías es que la premura no relaje la transparencia: que cada peso se ejecute con celeridad, pero también con lupa e informes públicos. Porque tras una tragedia, la confianza también hay que reconstruirla.






