El fantasma de la tragedia que sacudió a Armenia en 1999 sigue latente en la memoria de los quindianos cada vez que la tierra ruge. Durante las últimas semanas, un inusual e inquietante aumento en la actividad sísmica nacional ha desatado el pánico en miles de hogares, dejando a los ciudadanos con el miedo latente de que este constante movimiento anticipe un desastre mayor.
Lo que muchos intentaban calmar como simples coincidencias de la naturaleza, ha tomado un giro mucho más serio tras el pronunciamiento de las máximas autoridades. El constante temblor no es producto de la paranoia colectiva; el país atraviesa un pico de actividad por fuera del promedio normal, y el veredicto científico sobre lo que nos espera acaba de encender todas las alarmas.
Freddy Tovar, coordinador de la Red Sismológica Nacional del Servicio Geológico Colombiano (SGC), lanzó una contundente advertencia: las réplicas del fuerte terremoto de magnitud 7,4 ocurrido el pasado 10 de agosto “pueden durar días, semanas, meses, incluso años”. Según el experto, este agresivo fenómeno responde netamente al reajuste de los esfuerzos geológicos de la tierra tras una inmensa liberación de energía.
A esto se suma que el SGC rastrea actualmente un extraño enjambre sísmico en el Chocó y movimientos en Chaparral (Tolima) a menos de 30 kilómetros de profundidad, lo que hace que se sientan con muchísima fuerza. Al estar Colombia en el Anillo de Fuego del Pacífico y ante la imposibilidad científica de predecir sismos, el SGC clama por reforzar la prevención familiar; una dura lección de supervivencia que el Quindío conoce mejor que nadie y debe aplicar de inmediato.






