Falsos patriotas, que ponen banderitas en carros, motos y ventanas sin conocer el sentido del nacionalismo. Falsos patriotas que ahora hablan en portugués porque se dejan arrastrar por la moda. Falsos patriotas que cantan el Himno Nacional a viva voz y con ahínco, cuando hasta hace dos meses se fastidiaban por tener que ponerse en pie cuando sonaba en algún acto protocolario, o al tener que aprenderse la segunda estrofa y sin siquiera comprender su significado global; falsos patriotas que declaran con orgullo que el mundial de futbol nos une como país durante un partido, pero en su cotidianidad desprecian al vecino y se enojan intolerantes con el prójimo en el tráfico de medio día. Falsos patriotas que pretenden dar cátedra de solidaridad y valor de patria y consideraban relleno la clase de ética en el bachillerato y de costura la de constitución política en la universidad, es decir, no conocen el Estado en el que viven. Falsos patriotas que tan solo por una simple victoria en fase preliminar ya quieren destruir y arrasar, saquear y fastidiar en la calle, cuando quienes realmente han ganado algo, CAMPEONES DEL MUNDO como Alemania o Inglaterra, festejan sin destrozos y retornan tranquilos a dormir. Quiero ver estos falsos patriotas recoger los pedazos de su pueril ambición momentánea, cuando cabizbajos deban regresar a su día a día, sin más excusas que entretengan sus miserables existencias, agobiadas por el trabajo, la pobreza, o peor, hasta la misma riqueza, la familia o el estudio. Entretener y sobrevivir, que triste lección en pleno siglo XXI. Tan cerca y tan lejos del circo romano… Falsos patriotas.
Por Carlos Ocampo






