Aunque los indicadores oficiales muestran una leve mejoría en los niveles de pobreza multidimensional, la percepción ciudadana revela una realidad mucho más dura y preocupante en el Quindío. Según la Encuesta Nacional de Calidad de Vida 2024 del DANE, el 42,9% de los hogares en el departamento se consideran pobres, una cifra alarmante que pone en duda el verdadero impacto de las políticas sociales y económicas.
A pesar de que el DANE reporta una reducción de la pobreza multidimensional en el Quindío —del 7,5% en 2023 al 7,4% en 2024—, los datos sobre percepción revelan un panorama desalentador: el 34,4% de los hogares dice que no les alcanza el dinero para cubrir sus gastos básicos. Una cifra que refleja angustia económica y falta de oportunidades reales para muchas familias del departamento.
Cuando se les preguntó cómo comparan su situación económica actual con la de hace un año, el 49,3% de los hogares considera que está igual, pero un preocupante 36,5% asegura que está peor (33% peor y 3,5% mucho peor). Solo un 14,3% percibe mejoría (12,4% mejor y 1,9% mucho mejor), lo que evidencia que para la gran mayoría no ha habido cambios positivos, y para más de un tercio, la situación ha empeorado.
Respecto al futuro, las expectativas tampoco son alentadoras. El 39,6% cree que su situación seguirá igual en los próximos 12 meses, mientras que otro 38% proyecta un deterioro (32,9% peor y 5,1% mucho peor). Apenas un 22,3% mantiene la esperanza de una mejoría económica.
El contraste entre los indicadores oficiales del DANE sobre pobreza multidimensional y la percepción de la ciudadanía es imposible de ignorar. Mientras las cifras muestran una leve reducción de la pobreza, en la realidad cotidiana miles de familias en el Quindío sienten que apenas sobreviven, muchas veces por debajo de los mínimos que garantizan una vida digna.
En un departamento golpeado por la informalidad laboral, la escasez de empleo y el alto costo de vida, los discursos optimistas sobre crecimiento económico parecen ajenos a la experiencia cotidiana de muchas personas. La pobreza, aunque no siempre visible en los números, sigue presente en las mesas vacías, los arriendos impagables y las decisiones diarias entre comer o pagar servicios.
Las cifras pueden mostrar avances, pero cuando casi la mitad de los hogares se considera pobre y más de un tercio teme que su situación empeore, es claro que algo no está funcionando.








