La noche del miércoles 27 de agosto, la delincuencia volvió a mostrar su cara más despiadada en la capital quindiana. Un grupo de entre 8 y 10 hombres fuertemente armados irrumpió en el hostal La Mía, ubicado en la vía Panamericana, a la entrada del corregimiento El Caimo, sembrando terror entre los empleados que se encontraban en el lugar.
Los asaltantes, actuando con total frialdad, intimidaron a los trabajadores, los redujeron a la fuerza y, utilizando sopletes y herramientas metálicas, violentaron la caja fuerte del establecimiento, llevándose consigo dinero y elementos avaluados en cerca de 25 millones de pesos. Antes de huir, amarraron y amordazaron a las víctimas, dejándolas en completa indefensión.
Lo más indignante es que este no es un hecho aislado. Apenas hace ocho días, en el barrio La Castellana, un comando de entre 9 y 12 hombres ingresó a una vivienda, despojando a sus moradores de joyas y una camioneta. Ahora, con el atraco al hostal La Mía, la ciudadanía se pregunta si Armenia está siendo víctima de una estructura criminal organizada que se mueve impunemente.
Mientras tanto, las autoridades de Policía guardan silencio, sin reportar avances ni resultados frente a estos hechos que estremecen a la comunidad.
Armenia, capital del Quindío, parece vivir hoy una ola de crímenes que va desde hurtos de gran magnitud hasta asesinatos que han llenado las páginas judiciales en las últimas semanas. La zozobra crece, los ciudadanos viven en alerta permanente y la indignación se convierte en un clamor colectivo: ¿dónde está la seguridad que tanto necesita esta ciudad?







