En esta recta final de las elecciones para Congreso, son muchas las lecciones que nos deja la contienda en el departamento del Quindío. Este proceso estuvo caracterizado por acciones que determinaron que hay “más de lo mismo”, motivado por quienes nos vendieron la imagen de renovación y cambio.
La actual gobernadora cuando venció a Belén Sánchez Cáceres nos hizo creer con su grupo, que se habían derrotado a las maquinarias y a la industria del chance; nos ilusionó y nos hizo pensar que íbamos a respirar un verdadero cambio y una transformación en las formas de hacer política, pero lamentablemente no fue así, es más, creo con todos los argumentos de los hechos, actúan peor que los otros que han existido dentro de la clase política tradicional del Quindío.
El reclutamiento de personal, la manera en que se ha procedido con la evidente preferencia por los candidatos de sus afectos, determinan que el fucsia tampoco fue el color del cambio. Es más, creo que desde el punto de vista semiótico, los líderes de la campaña contra el cáncer deben estar pensando en cambiar ese color en un futuro cercano, porque ahora se asocia con otro cáncer, ese mismo que carcome a muchos sectores de la sociedad colombiana.
Yo fui uno de los ilusos que llegó a creer que la juventud, la inteligencia, la habilidad y el liderazgo de la actual mandataria seccional iba a ser el principio del cambio, pero no; ahora somos muchos los desengañados.
Nunca antes en el Quindío se había desafiado tanto a los organismos de control con la participación de servidores públicos en campañas. Me aterra ver como muchos contratistas del gobierno departamental – lamentablemente de las nuevas generaciones la mayoría – por redes sociales admiten que si están “politiqueando” y que lo pueden hacer porque “no es algo ilegal”. Volvemos a lo mismo: la ética se enterró con los pozos sépticos y amparados en las normas que crean los mismos congresistas corruptos que avalan estos procesos, acabamos con la decencia y el respeto por los recursos públicos.
Por los lados de las administraciones municipales se salvan pocas porque también están favoreciendo los intereses de muchos candidatos. En la única alcaldía donde no se escuchan quejas y se está actuando con decencia, es en Calarcá. La mandataria encargada Carolina Cárdenas, con creces está demostrando que se puede gobernar con respeto y que a pesar de las preferencias y pertenecer a un partido político, no se puede perder el norte del servicio público y el respeto por los empleados en su libre derecho a participar y elegir.
La maquinaria de la administración municipal de Armenia opera, pero con un poco más de respeto y decencia que lo visto unas cuadras más arriba del CAM donde el “varón” promete de “toto” haciéndonos creer que se viene un verdadero cambio radical. Pero no deberían existir estructuras de este tipo, ni maletines ni carrieles llenos de plata, porque justamente este tipo de imposiciones y derroche de recursos es lo que pone en desventaja a los buenos candidatos que luchan contra unos monstruos de 10 cabezas.
Da lástima que los aspirantes buenos no vayan a ser elegidos por la apatía y el silencio de la gente buena. La abstención va a permitir que los candidatos que hacen parte de estas maquinarias ganen fácilmente y creo que el cambio no va a ser demasiado, porque los voceros de esos grupos tradicionales que nos tienen en la miseria, son los que finalmente van a conseguir una curul en el Congreso. Ojala me equivoque y se dé un golpe de opinión, pero eso es soñar demasiado.
Nuestra responsabilidad está en votar bien y votar a conciencia. Hay muy buenos aspirantes. Al Senado tenemos opciones como José Norbey Salazar, Orlando Mosquera, y Roberto Jairo Jaramillo. En la lista de aspirantes a la Cámara, hay gente de buen perfil para escoger y de los actuales representantes, merece la reelección Libardo Taborda por la labor realizada y actuaciones como la que ha efectuado con la administración actual de Calarcá donde ha sido muy respetuoso con la mandataria encargada, sin intromisión y pensando eso sí en el bienestar del municipio. Esas acciones de decencia se tienen que premiar definitivamente.
A la hora de votar tenemos que pensar en la necesidad urgente de cambiar todo esto que ha venido sucediendo en nuestra región. No podemos seguir siendo el departamento con más desempleo, con el mayor consumo de estupefacientes, con los índices más altos de pobreza y otros flagelos que nos siguen afectando por la falta de liderazgo de nuestros gobernantes. Definitivamente somos una prueba más de que la corrupción está ligada estrictamente a los elevados niveles de miseria. Sólo los candidatos que tengan claro eso, y que no les de miedo enfrentar esta realidad, merecen nuestro apoyo el próximo domingo.
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