Durante un tiempo, el nombre de Laura Sarabia se mencionaba con cautela. Al inicio del mandato de Gustavo Petro, acumuló tanta influencia que pocos se atrevían a cuestionarla públicamente por temor a incomodar al presidente. Sarabia se convirtió en su mano derecha, acompañándolo en cada decisión. Incluso la primera dama, Verónica Alcocer, la recibió como parte de la familia.
Los ministros debían acudir a ella para hacer llegar mensajes al mandatario, lo que generaba malestar en algunos, quienes consideraban que, a su corta edad, no había demostrado méritos suficientes para ocupar tal posición. Se le señaló por aislar al presidente y filtrar la información a su conveniencia. Su círculo cercano incluía figuras poderosas, empresarios influyentes y aliados estratégicos, pero también acumuló una larga lista de detractores. Ahora, con su reciente nombramiento como canciller y tras dejar la oficina junto a Petro, sus opositores la perciben debilitada, interpretando que ha perdido la confianza del presidente.
Según su entorno, Sarabia siente que la buscan destruir, mientras sus adversarios creen que ha llegado la hora de exponer la verdad. Varios ministros, operadores políticos y la vicepresidenta Francia Márquez la han criticado abiertamente. Esta semana, declaró ante la Fiscalía, que investiga la financiación de la campaña de 2022. Además, ella y su hermano Andrés enfrentan una indagación por presunto enriquecimiento ilícito. Han surgido señalamientos de que habría intervenido en nombramientos de notarios, asesores y directores de entidades públicas, aunque las pruebas presentadas no son contundentes. Su nombre aparece a diario en cuestionamientos y rumores.
El vacío que dejó en la Casa de Nariño ha sido ocupado por Armando Benedetti, su principal adversario. Paradójicamente, ambos compartieron una estrecha amistad años atrás. Benedetti, entonces senador, fue su jefe, pero su vínculo era de mutua dependencia. Al anticipar la victoria de Petro, Benedetti se ofreció como jefe de campaña, formando una dupla efectiva con Sarabia. Sin embargo, los destinos se bifurcaron: él fue enviado como embajador a Caracas, mientras ella se consolidaba como jefa de Gabinete. Esa distancia quebró su relación.
Aunque parecía que Sarabia había ganado la partida, ahora Benedetti ha regresado con fuerza. Mientras ella asume la Cancillería, él ha recibido la misión de impulsar las reformas y poner orden en el Gobierno. Se habló de un pacto de no agresión, pero nunca se concretó. Apenas han intercambiado mensajes formales en las últimas semanas. El círculo de Sarabia sospecha que Benedetti está detrás de los ataques en su contra, con la intención de acabar con su carrera antes de 2026. Por su parte, los allegados de Benedetti niegan cualquier complot y aseguran que su prioridad es sacar adelante el programa de gobierno.
Desde el equipo de Sarabia califican las acusaciones como desmedidas: “Piden su destitución sin presentar pruebas sólidas. Todo se basa en fuentes anónimas. La acusan de tener más dinero que Luis Carlos Sarmiento; es absurdo. Cada día surge una nueva historia”. Francia Márquez llegó a afirmar que Sarabia le faltó al respeto y obstaculizó su relación con el presidente. Sin embargo, tras una reunión, ambas lograron suavizar las tensiones.







