Por:
Holmes Moreno Murillo
Sociólogo, Mg en historia.
De manera cotidiana, los primeros diálogos formales que realizamos con el otro (desconocido) están mediados por la pregunta ¿de dónde eres?, Siendo una acción social racional con arreglo afines, permeada por una intencionalidad de conocer acerca del otro construido, pero también, pensarlo a partir de imaginarios preconcebidos, los cuales pueden ser históricos, culturales, económicos y otros. Ahora bien, la historia como ciencia tiene como objetivo entre muchos otros, construir, reconstruir o de-construir imaginarios sociales a partir de investigaciones históricas mediada por la intencionalidad del investigador, fuentes encontradas o relecturas historiográficas.
Una postura clásica acerca de la historia como ciencia, fue entenderla como la “ciencia que estudia las acciones sociales de los hombres en el pasado”, estableciendo así, su objeto de estudio y distanciándose de otras ciencias o disciplinas de lo social como la Sociología, la Antropología, Ciencia política, y otras, que si bien contribuyen a las investigaciones históricas no son determinantes para esta.
Continuando este monologo de lo social, se hace necesario pensar con urgencia la aprobación de la Ley 1874 del 27 de diciembre del 2017 “ que tiene por objeto restablecer la enseñanza obligatoria de la historia de Colombia como una disciplina integrada en los lineamientos curriculares de las ciencias sociales”. ¿Pero posibilita repensar lo pensado generando rupturas o simplemente continuidades? Es una pregunta que tomara décadas para darle respuesta. Empero se debe precisar que la enseñanza de la historia en la escuela y en el bachillerato, es el lugar de colonización académica de mayor importancia, pues en este espacio, se generan los primeros conocimientos del individuo y la visión de mundo social, es el lugar para la construcción de imaginarios que pueden perdurar en una línea de tiempo infinita, puesto que no todos los colombianos pueden ingresar a la educación superior( universitaria) quedando de esta manera, con el capital intelectual adquirido en este primer escenario.
Si proceguimos en el devenir histórico en Colombia con una enseñanza basadas en cuentos y mitos asumiendo que es historia, se complejizara la construcción de actor social y de ciudadanía responsable, ya que los imaginarios adquiridos colisionaran con los cambios sociales de nuestro país, y es de esperarse, que nuestras acciones sociales del pasado no contribuyan a la consolidación de una nación sin corrupción, libre de los legados del racismo de la temporalidad colonial producto de las lógicas de poder, en la que lo peyorativo estaba enfatizado hacia los negros, las mujeres, los pobres y otros cuantos actores sociales a los que era necesario individualizar para permanecer en el lugar social racionalmente construido.
Cualquier ciudadano comprometido con el cambio social a beneficio de una colectividad nacional, tendría una gran ilusión a que las nuevas directrices del MEN para la enseñanza de la historia de Colombia la cual estará articulada a las ciencias sociales tanto en el currículo como su transversalidad, diera lugar a la reflexión de mundo construido socialmente, a las preguntas sin censuras y a las respuestas no engañosas e inacabadas por parte de los orientadores de estos conocimientos, incentivando al docente consultar los repositorios de las universidades donde reposan las investigaciones históricas no leídas por muchos, lo que contribuiría a la de-construcción de imaginarios poco apacibles que persisten aún hoy en lo que somos nación.
Si dejamos de prostituir la catedra de historia en los colegios, es decir, que no sea delegada en cualquier profesional como continuamente sucede, por lo menos, se tendría lugar para encauzar a los futuros vehículos de la memoria histórica hacia realidades construidas con fuetes y referencias discutibles, y lo impartido no serán verdades absolutas, sino acontecimientos a los que se les cuestionará constantemente, algo que no se enseña en las carreras de pregrado, donde para muchos estudiantes las historias impartidas, es algo minúsculo y carece de importancia por su estado de colonización y la mentalidad de formación para el trabajo pero no para la ciudadanía. Y para este último caso, la historia que se imparte en gran parte de las universidades, es delegada en cualquier profesional, gestando así, la caída de los dinteles del quehacer de los profesionales formados en historia.
Para concluir diría que, es necesario pensar la enseña de la historia, que trascienda de algo irrelevante a un espacio de importancia en la construcción de Ciudadanías contemporáneas, permitiendo esta, espacios para inquirir acerca de nuestro pasado en su comprensión y explicación. Pero es de advertir que existe un gran peligro delegar en cualquiera la enseñanza de la Historia, ya que sus tesis son elementos de colonización en la niñez y la juventud( próxima generación de ciudadanos) bajo hipótesis continuas que se encuentran en cartillas y módulos de las ciencias sociales de los años 80 y 90, siendo narraciones del pasado carentes de fuentes de verificación y referentes bibliográficos confiables.







