El paraíso natural más emblemático del Quindío se ha convertido en el escenario de una sangrienta pesadilla. Lo que a simple vista parece un tranquilo paisaje de palma de cera, hoy oculta una grave amenaza que tiene a las familias campesinas trabajando en medio del terror.
Un implacable depredador, ajeno a la fauna nativa de estas montañas, está desatando una cacería despiadada. El miedo a perderlo todo crece cada amanecer, mientras el escalofriante hallazgo de múltiples animales masacrados confirma que esta emergencia se salió por completo de control.
El drama ocurre en la parte alta del Valle de Cocora, jurisdicción de Salento, donde al menos ocho terneros han sido brutalmente asesinados. Los campesinos confirmaron que los responsables no son pumas ni zorros, sino agresivas jaurías de perros ferales. Estos caninos, que alguna vez fueron mascotas abandonadas por turistas irresponsables en la zona, se asilvestraron y conformaron manadas letales.
Las autoridades advierten que estos perros no solo acorralan y despedazan al ganado más vulnerable, sino que ahora cazan especies en vía de extinción del bosque alto andino, como venados y dantas. Ante esta alarmante mortandad y el riesgo inminente de ataques a trabajadores rurales, los finqueros exigen la intervención urgente de la Alcaldía y la Corporación Autónoma Regional del Quindío (CRQ).






