A las 7:34 de la mañana del 10 de agosto, la tierra volvió a estremecer a Colombia. Un terremoto de magnitud 7,4, con epicentro en San José del Palmar, Chocó, y una profundidad de 103 kilómetros, sacudió buena parte del occidente y centro del país y dejó una huella que, un mes después, todavía permanece en miles de familias.
El movimiento telúrico golpeó con especial fuerza a Chocó, Risaralda, Quindío y Valle del Cauca, donde comunidades enteras tuvieron que enfrentar daños en sus viviendas, infraestructura afectada y la pérdida de la tranquilidad. Para muchos habitantes del Eje Cafetero, además, el sismo significó revivir los recuerdos y temores de la tragedia de 1999.
Pero mientras las comunidades intentaban dimensionar lo ocurrido, también comenzó a surgir una respuesta marcada por la solidaridad. Un mes después, el Banco de Alimentos de Bogotá reportó la movilización de 1.300 toneladas de ayuda humanitaria, distribuidas en 45 comunidades de cinco departamentos del país. Alimentos y otros elementos esenciales llegaron a territorios donde las familias necesitaban apoyo para afrontar los primeros días y semanas posteriores al desastre.
Sin embargo, la emergencia no terminó con las primeras labores de rescate. La Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (FICR) advirtió que las personas afectadas todavía requieren atención sanitaria, especialmente para prevenir complicaciones relacionadas con enfermedades crónicas o interrupciones en los esquemas de vacunación. También señaló la importancia del acompañamiento psicosocial, el acceso a alimentos y productos de higiene y la recuperación de los medios de vida.
El más reciente balance de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD), con corte al 10 de septiembre de 2026 a las 6:30 de la mañana, dimensiona el alcance de la emergencia: 16 departamentos y 497 municipios afectados, 298.791 familias y 466.345 personas afectadas. Estas cifras continúan siendo consolidadas mediante el Registro Único de Damnificados (RUD), herramienta en la que los municipios registran a las personas afectadas y los daños reportados en sus territorios.
A un mes del terremoto, el país enfrenta ahora una etapa que puede ser incluso más larga y compleja: la recuperación. La reconstrucción de viviendas, la recuperación de los medios de vida y el fortalecimiento de la capacidad de las comunidades para enfrentar futuras emergencias serán parte de un proceso que demandará tiempo, recursos y acompañamiento institucional y social.
Este 10 de septiembre no solo se cumple un mes desde aquella mañana en que la tierra se estremeció. También se cumple un mes de solidaridad, de manos que ayudaron, de comunidades que resistieron y de familias que comenzaron a reconstruir sus vidas.
El terremoto dejó heridas profundas, pero también volvió a demostrar que, frente a la adversidad, Colombia tiene la capacidad de tender la mano y acompañar a quienes hoy intentan levantarse entre las ruinas y volver a llamar hogar a sus territorios.






