A las 7:34 de la mañana del 10 de agosto, el tiempo pareció detenerse. Un terremoto de magnitud 7,4 sacudió el occidente colombiano y volvió a despertar en el Quindío recuerdos, miedos y heridas del pasado.
El movimiento, con epicentro en San José del Palmar, Chocó, fue uno de los más fuertes registrados en Colombia en las últimas décadas y se sintió con intensidad en diferentes regiones del país. Chocó, el Eje Cafetero y el Valle del Cauca estuvieron entre las zonas más afectadas.
Un mes después, la emergencia comienza a dar paso a un desafío todavía mayor: reconstruir lo que la tierra destruyó y recuperar la tranquilidad de miles de familias. En el Quindío, el balance parcial registra 74.298 damnificados, 3.078 viviendas destruidas, 13.221 viviendas urbanas averiadas y 5.073 viviendas rurales con afectaciones. Detrás de cada número hay una familia que perdió parte de su hogar, sus pertenencias o la sensación de seguridad que tenía antes de aquella mañana.
Las afectaciones también alcanzaron buena parte de la infraestructura del departamento. El reporte parcial registra 29 hospitales averiados, 187 instituciones educativas afectadas y 11 destruidas, además de 68 puentes y vías con daños. A esto se suman dos centros penitenciarios afectados, 21 sedes de alcaldías y entidades descentralizadas, 59 sedes religiosas averiadas y dos destruidas, 34 escenarios deportivos averiados y uno destruido, así como afectaciones en servicios esenciales y sedes operativas.
El terremoto también dejó una historia dolorosa entre los animales: 76 desaparecidos, 985 lesionados, 1.099 muertos y 2.381 rescatados. Mientras continúa la consolidación de la información a través del Registro Único de Damnificados, los municipios avanzan en la recopilación de datos que permitirán establecer con mayor precisión la magnitud de la emergencia y determinar quiénes podrán acceder a los subsidios y ayudas dispuestos por el Gobierno Nacional, la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres y la Gobernación del Quindío.
Pero aquel 10 de agosto no solo dejó daños materiales. También abrió las puertas de la memoria. Para los quindianos, el movimiento de la tierra trajo nuevamente imágenes de 1999, cuando otro terremoto marcó para siempre la historia del departamento y dejó más de 1.200 personas fallecidas. El miedo regresó, las heridas se hicieron presentes y muchas familias volvieron a experimentar la incertidumbre de no saber qué encontrarían al salir de sus casas.
Sin embargo, un mes después, entre viviendas afectadas, calles intervenidas, templos golpeados y familias que esperan respuestas, también permanece una certeza: el Quindío sabe levantarse. La solidaridad, los rescates, la ayuda entre vecinos y el esfuerzo de quienes trabajan en la recuperación han demostrado que, aunque la tierra puede estremecerlo todo en cuestión de segundos, no puede derribar la fuerza de un pueblo que aprendió a reconstruirse entre los escombros.
Hoy, el departamento recuerda a quienes ya no están, abraza a quienes aún enfrentan las consecuencias de la tragedia y vuelve a mirar hacia adelante con la esperanza de reconstruir no solo sus estructuras, sino también la confianza y la tranquilidad de sus habitantes.






