Colombia ha fortalecido significativamente su normativa de construcción sismo resistente en las últimas décadas, pero aún enfrenta un importante desafío por la existencia de edificaciones levantadas antes de la implementación de estos estándares, advirtió el presidente de la Sociedad Colombiana de Ingenieros, Hernando Monroy Benítez.
Durante un pronunciamiento sobre la preparación del país frente a eventos sísmicos, Monroy recordó que ciudades como Armenia aún conservan el recuerdo de las consecuencias devastadoras de los terremotos, experiencia que impulsó importantes cambios en la legislación de la construcción.
“Aquí en Armenia, Quindío, ha habido experiencias muy tristes y dramáticas en relación con los terremotos. Sin embargo, hemos avanzado mucho en materia de normatividad”, afirmó.
El ingeniero explicó que, tras el sismo de Popayán, Colombia comenzó a desarrollar códigos de construcción más exigentes y actualmente la Sociedad Colombiana de Ingenieros participa en la actualización del Reglamento Colombiano de Construcción Sismo Resistente, que reemplazará la versión vigente desde 2010.
Según indicó, el objetivo de la nueva reglamentación es garantizar edificaciones más seguras, funcionales y adaptadas a las características del terreno, privilegiando siempre la protección de la vida humana.
Monroy señaló que las mayores exigencias se concentran en infraestructuras esenciales como hospitales, centros educativos, estadios y demás construcciones de alta ocupación, donde los factores de seguridad deben ser aún más rigurosos.
El dirigente gremial también destacó la participación de la Sociedad Colombiana de Ingenieros en la asistencia técnica tras los recientes terremotos registrados en Venezuela. En conjunto con la Universidad del Norte y el Grupo CEER, elaboraron un informe para apoyar las labores posteriores a la emergencia.
Explicó que, una vez culminan las operaciones de búsqueda y rescate, se realiza una evaluación técnica de las edificaciones mediante el protocolo internacional ATC-20, que clasifica las estructuras con un sistema de colores.
Las edificaciones identificadas con color verde pueden seguir siendo utilizadas por considerarse seguras; las marcadas en amarillo requieren procesos de rehabilitación o reforzamiento estructural; mientras que aquellas catalogadas con color rojo deben ser demolidas debido al alto riesgo que representan.
Asimismo, destacó que la ingeniería ha incorporado nuevas tecnologías, como sistemas de aislamiento sísmico mediante estructuras flexibles que permiten absorber parte de la energía generada durante un terremoto, reduciendo la posibilidad de colapso.
No obstante, advirtió que el principal riesgo sigue estando en las construcciones antiguas que fueron levantadas sin cumplir normas sismo resistentes.
“En el país tenemos mucha construcción que se hizo sin normatividad, por lo que existe el riesgo de que, ante un terremoto de gran magnitud, pueda ocurrir un desastre”, señaló.
Como ejemplo mencionó el caso de Bogotá, cuyos suelos blandos presentan características similares a los de Ciudad de México, lo que incrementa la vulnerabilidad frente a un evento sísmico de gran intensidad.
Finalmente, Monroy insistió en la necesidad de realizar estudios estructurales en las principales ciudades del país para determinar cuáles edificaciones requieren reforzamiento y cuáles, por su nivel de deterioro o vulnerabilidad, deberían ser desocupadas o demolidas.
El presidente de la Sociedad Colombiana de Ingenieros concluyó que fortalecer la prevención y actualizar permanentemente la normativa son herramientas fundamentales para reducir el impacto humano, económico y social que pueden generar futuros terremotos en Colombia.







