Una intensa operación de búsqueda adelantan las autoridades en Sevilla, norte del Valle del Cauca, municipio vecino del departamento del Quindío, para rescatar a la médica Daniela María Hernández Montoya, quien permanece en cautiverio desde la tarde del jueves 14 de agosto.
La profesional de la salud, reconocida por su labor en el Hospital Departamental Centenario y por su emprendimiento en la región, fue interceptada por hombres armados cuando regresaba a su vivienda junto a sus dos hijos, luego de recogerlos en el colegio. De acuerdo con las primeras versiones, los captores —presuntamente integrantes del frente 57 de las disidencias de las Farc, con presencia en zonas montañosas cercanas al Quindío— la obligaron a subir a una camioneta junto con los menores de 4 y 8 años.
Horas más tarde, los niños fueron dejados en libertad en una zona rural y entregados a un campesino, quien alertó de inmediato a las autoridades. Sin embargo, la médica continúa en poder de los secuestradores y hasta el momento no hay información precisa sobre su paradero.
Cámaras de seguridad del municipio captaron parte del recorrido de los captores, que se movilizaban en un vehículo Mazda gris antes de cometer el plagio. La camioneta Toyota TXL blanca en la que se desplazaba la víctima también habría sido utilizada para su traslado hacia un área montañosa de difícil acceso.
El secretario de Seguridad del Valle, Guillermo Londoño, informó que se activó un despliegue especial del Gaula de la Policía Nacional con apoyo del Ejército, incluyendo controles en vías terciarias y caminos rurales que podrían ser usados como rutas de escape.
El caso ha causado profunda consternación en Sevilla y genera preocupación en el Quindío por la cercanía con el área de influencia de las disidencias de las Farc. Familiares, colegas y vecinos han elevado un llamado urgente a los captores para que permitan el regreso seguro de la médica. Desde la institución educativa de sus hijos se emitió un comunicado expresando solidaridad y convocando a la comunidad a unirse en jornadas de oración, mientras las autoridades mantienen canales seguros de comunicación para lograr una liberación sin poner en riesgo su vida.







