Karen Dayana Uribe Atehortúa tenía 21 años, vivía con parálisis cerebral y era el motor de vida de su madre, Yurledy Uribe, quien durante años luchó incansablemente por brindarle amor, cuidados y dignidad. Hoy, tras su fallecimiento el pasado 14 de abril, su familia denuncia un presunto caso de negligencia médica que, aseguran, pudo haberse evitado si hubiera recibido atención oportuna en los hospitales de La Tebaida y Armenia.
Todo comenzó el domingo 13 de abril, cuando Karen empezó a presentar vómito persistente, fiebre alta y un dolor abdominal que se intensificaba. Su madre la llevó al hospital Pío X de La Tebaida, donde, según su testimonio, le dijeron que se trataba de una gastroenteritis y la enviaron de regreso a casa sin exámenes clínicos ni hospitalización. “Yo les dije que mi hija no era una niña cualquiera, que tenía una condición especial y que no podía resistir tanto, pero no me escucharon. Solo me mandaron con suero para la casa”, expresó Yurledy con profundo dolor.
Conforme pasaban las horas, el estado de Karen se deterioraba rápidamente. Seguía vomitando y se quejaba con dificultad del dolor, ya que, debido a su discapacidad, su forma de comunicarse era limitada. “Yo la conozco, yo sabía que algo no estaba bien. Ella se retorcía, estaba muy pálida. Pero uno es pobre y a veces lo miran como si exagerara”, relató su madre.
Ya entrada la noche, Yurledy la llevó al hospital San Juan de Dios de Armenia. Allí, según denuncia, tampoco recibió una atención prioritaria pese a su evidente estado crítico y a su condición de discapacidad severa. “Me decían que esperara, que había más gente, que ya la iban a llamar. Yo les decía que ella tenía epilepsia, que era paciente de alto riesgo. Me desesperé, lloré, supliqué, pero no fue suficiente”, narró entre sollozos.
Karen fue finalmente atendida varias horas después. Tras algunos exámenes, los médicos informaron que tenía los intestinos distendidos y que debía ser llevada a cirugía de urgencia. Sin embargo, la familia asegura que ya era demasiado tarde. “Cuando le pusieron los medicamentos ya estaba muy débil, ya se le notaban los labios morados y las manos frías. Me decían que esperara a que reaccionara, pero no pasó. A las 2:50 de la tarde del lunes, murió”.
La madre asegura que lo que más le duele es la indiferencia con la que sintió que fue tratada. “Si yo hubiera tenido plata, todo habría sido diferente. Pero como una es pobre, no la miran. A mí me da rabia y tristeza, porque mi hija luchó tanto, y yo también. No se merecía ese final”.
En respuesta a una queja formal presentada por la familia, el hospital Pío X habría reconocido por escrito que pudo haber faltado calidad y empatía en la atención prestada, y que, dadas las condiciones clínicas de Karen, debió haberse gestionado una remisión inmediata. También ofrecieron disculpas públicas y anunciaron reuniones internas entre la Gerencia, Trabajo Social y Auditoría Médica para revisar lo ocurrido y tomar medidas correctivas.
No obstante, la familia de Karen insiste en que las disculpas no son suficientes. “No quiero plata ni abogados, solo quiero que esto no vuelva a pasar. Que no sigan muriendo niños ni jóvenes por la falta de atención. Que respeten la vida de quienes más necesitan ayuda”, expresó Yurledy, con la voz quebrada.







