A sus 71 años, María Rosa, apenas puede ver, pero no necesitó de sus ojos para reconocer a Sergio, su nieto de 17 años, a quien conoció por primera vez el pasado sábado durante un emotivo encuentro en el municipio de Chaparral. Sergio es hijo de su hijo desaparecido en el sur del Tolima hace más de dos décadas, durante el conflicto armado.
El reencuentro se dio en el marco del primer Encuentro para la Verdad y la Dignificación, organizado por la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD), una iniciativa que acompaña a las familias que buscan cerrar el ciclo de incertidumbre tras la desaparición forzada de sus seres queridos.
Con la voz quebrada y los brazos extendidos, María Rosa palpó el rostro de Sergio y lo reconoció como su sangre. “Nunca pensé que esto pasaría. Siéntase contento que aquí está su familia, gracias al Señor puedo conocerlo con los ojos del alma”, dijo entre lágrimas.
Ese día, bien temprano en la mañana, llegaban los familiares convocados al evento, un espacio que además de brindar información sobre los desaparecidos, permitió homenajear su memoria y sanar heridas abiertas.
Pero ese momento también fue un reencuentro familiar: entre fotos, anécdotas y abrazos, los tíos y primos de Sergio le dieron la bienvenida. “Hoy es un día importante para mí porque puedo decirle: ¡bienvenido sobrino!”, expresó uno de ellos.
Sergio, quien viajó desde el Valle del Cauca acompañado de su madre, siempre supo de su padre por los relatos que ella le contaba: que era del sur del Tolima, que amaba montar bicicleta y que había crecido en el campo. “Es un regalo muy bonito de Dios y de mi papá. Tantas veces le pedí que me ayudara a encontrarlos y sucedió”, expresó el joven.
La historia de este reencuentro comenzó en 2021, cuando Hernando, hermano del desaparecido, contactó a la UBPD y pidió que su caso fuera incluido en el Plan Regional de Búsqueda Cordillera Central. La investigación humanitaria permitió establecer que el joven, reclutado por un grupo armado siendo menor de edad, había fallecido en 2010 en el Valle del Cauca. Su cuerpo fue enterrado por su pareja, madre de Sergio, quien también padeció el desplazamiento forzado.
Aunque no hubo cuerpo que entregar, la UBPD facilitó algo igual de valioso: la verdad y la posibilidad de una nueva historia familiar. “La búsqueda de mi hermano empezó desde el momento que me dijeron que lo habían visto en las filas de un grupo armado… y hoy, después de tantos años, lo encontramos en su hijo”, concluyó Hernando.







