Un acto de reconocimiento destinado a honrar a las víctimas del Estado, que había pasado inadvertido en el aluvión de noticias, se convirtió en el foco de atención pública este martes tras ser mancillado por un evento, no de homenaje, sino de agravio. Las Madres de Soacha, como se conoce al grupo de mujeres cuyos hijos fueron asesinados por el Ejército en 2008 y presentados falsamente como guerrilleros caídos en combate, ocuparon un espacio abierto del Capitolio, la Plaza Rafael Núñez, para instalar una obra de arte en memoria de sus seres queridos. Un congresista de extrema derecha, Miguel Polo Polo, decidió destruir el tributo, cuestionando su autenticidad y arrojando la pieza a bolsas de basura.
La historia comienza con unas largas botas de caucho. Cuando los cuerpos de los jóvenes asesinados aparecieron, tanto los de Soacha como los de otras regiones, a menudo llevaban estas botas, a veces al revés. Para los militares, este calzado identificaba a un supuesto guerrillero, en contraste con las botas de cuero usadas por los agentes del Estado. Para las madres, que conocían bien el calzado de sus hijos, las botas fueron uno de los elementos utilizados por los asesinos para incriminar a jóvenes inocentes. En 2021, la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), tribunal de justicia transicional, estimó que durante el mandato de Álvaro Uribe, entre 2002 y 2010, se perpetraron al menos 6.402 asesinatos de jóvenes por parte de militares, conocidos como “falsos positivos”. Este año, las Madres de Soacha, recuperando la imagen de las botas, presentaron la obra Mujeres con las botas bien puestas.
“Nosotras nos encargamos de mantener viva la memoria a través del arte”, expresaron durante la presentación de la obra en marzo de este año, en la Plaza de Bolívar, cerca del Capitolio. En colaboración con artistas plásticos, las madres pintaron 30 pares de botas de caucho. Una de ellas escogió un paisaje soleado, “muy similar al lugar donde asesinaron a mi hermano”. Algunas botas llevan el número simbólico 6.402, la silueta de los jóvenes ejecutados o la palabra ‘Duelo’. La iniciativa, llamada Botatón artística, buscaba reunir 6.402 pares de botas, donadas por ciudadanos de todo el país, para ser pintadas. “Estamos listas para transformar nuestros más profundos dolores en auténticas obras de arte”, declaró la organización.
Polo Polo no se quedó solo en las críticas. “Estas botas deben ir a donde pertenecen, al contenedor de basura”, declaró, sosteniendo una bolsa negra en la que colocó las botas pintadas. Al día siguiente, en respuesta a los medios, una de las madres de Soacha levantó una bota en sus manos y dijo: “No son basura; estos eran nuestros hijos, nuestros seres queridos, asesinados por el Estado”. Añadió que no son solo 6.402 víctimas: “¡Son muchas más!”.







