La medicina reproductiva en el Reino Unido alcanzó un importante avance científico luego de que Grace Bell, una mujer de 30 años que nació sin útero, lograra dar a luz a un bebé sano gracias a un trasplante uterino proveniente de una donante fallecida, procedimiento considerado altamente complejo y aún poco frecuente a nivel mundial.
El nacimiento se produjo mediante cesárea en el Queen Charlotte’s and Chelsea Hospital , donde llegó al mundo Hugo Richard Norman Powell, con un peso cercano a los 3,1 kilogramos. El caso corresponde al primer nacimiento registrado en el país tras un trasplante de útero procedente de una donación cadavérica y al tercero documentado en Europa bajo esta modalidad.
Grace Bell padece el síndrome de Mayer-Rokitansky-Küster-Hauser (MRKH), una condición congénita que afecta aproximadamente a una de cada 5.000 mujeres y que se caracteriza por la ausencia o el desarrollo incompleto del útero, pese a conservar ovarios funcionales. A los 16 años recibió el diagnóstico que le indicaba que no podría gestar un hijo, situación que cambió tras su ingreso al programa de investigación INSITU.
El trasplante fue realizado en junio de 2024 en el Churchill Hospital , en Oxford, durante una intervención quirúrgica de aproximadamente diez horas. Posteriormente, Bell inició un proceso de fertilización in vitro en la The Lister Fertility Clinic , donde se crearon embriones utilizando sus propios óvulos y el esperma de su pareja, Steve Powell, los cuales fueron transferidos con éxito al útero trasplantado.
El procedimiento hizo parte del estudio clínico impulsado por la organización benéfica Womb Transplant UK , iniciativa que busca ofrecer alternativas de maternidad a mujeres con infertilidad uterina absoluta mediante un programa que contempla la realización de diez trasplantes experimentales.
Durante todo el embarazo, la paciente fue sometida a seguimiento médico especializado sin que se reportaran complicaciones, culminando con el nacimiento del menor.
En declaraciones difundidas por la BBC, Bell expresó su profundo agradecimiento hacia la familia de la donante, señalando que su gesto altruista hizo posible cumplir “el sueño de toda una vida”. Los padres de la mujer donante también se manifiestan sintiéndose orgullosos del legado dejado por su hija, cuya donación permitió salvar y mejorar múltiples vidas mediante el trasplante de varios órganos.






