Enclavado en la cordillera del Quindío, en la vereda La Española del municipio de Córdoba, se levanta Moira Ecolodge, un proyecto de alojamiento y turismo sostenible que combina experiencias, conservación y trabajo comunitario. Detrás de esta iniciativa está Marco Rada, biólogo, empresario y emprendedor, quien junto a su esposa y con el respaldo de la Universidad del Quindío, ha convertido su finca en un destino donde la naturaleza y la cultura se encuentran para educar y preservar.
“Nuestro proyecto se llama Moira Ecolodge. Estamos ubicados en el territorio Pijao, en Iberia, Las Palmas. Queremos promover un turismo responsable y sostenible que reduzca el impacto humano en el ambiente”, explica Rada.
En Moira, cada actividad está diseñada para despertar los sentidos y la conciencia ambiental: desde recorridos interpretativos por cafetales y orquídeas, hasta senderos de observación de aves y anfibios. Todo gira alrededor de un principio clave: “nadie cuida lo que no conoce”, una frase que se ha convertido en guía de la labor educativa del proyecto.
“Todo está ligado con la conservación y la experiencia. Queremos que los visitantes entiendan el paisaje, la biodiversidad y se lleven un aprendizaje. Tenemos experiencias de café, de orquídeas, muchas en peligro de extinción, que reproducimos y sembramos, y todo se conecta con la historia del paisaje cultural cafetero”, agrega el emprendedor.
Experiencias que se sienten, se viven y se conservan
La propuesta va más allá del ecoturismo convencional. Incluye gastronomía, cultura y música: una cena tipo rodizio, maridada con tango, un género que, aunque no nació aquí, tiene gran arraigo en la región, hace parte del plan.
“Muchas de nuestras vivencias están ligadas a lo que comemos. Combinamos la experiencia gastronómica con el tango, que, aunque es ajeno, hace parte de nuestra identidad cultural”, cuenta Rada.
Hoy Moira Ecolodge opera en dos fincas: El Porvenir, de 4.5 hectáreas, y El Roble, de unas 40 hectáreas. Allí recibirá turistas en cabañas rodeadas de bosque y cafetales, con comodidades para desconectarse del ruido y reconectarse con la biodiversidad.
Turismo y comunidad: la apuesta colectiva
La visión de Marco no termina en los límites de su finca. Su sueño es impulsar una ruta ecoturística de la vereda La Española, sumando a las 25 familias vecinas, casi todas dedicadas a la agricultura. El objetivo es integrar producción limpia de alimentos con turismo de naturaleza.
“Hemos trabajado con los vecinos y la recepción ha sido muy buena. Cada vez somos más conscientes de reducir nuestra huella y mantener la biodiversidad que nos rodea. Queremos vincular a más personas y consolidar la ruta ecoturística”, señala.
El respaldo de la Universidad del Quindío ha sido fundamental. Gracias a su acompañamiento, Moira ha podido estructurar sus servicios, prototipar nuevas experiencias y fortalecer su propuesta de valor.
“La Universidad ha sido nuestro principal apoyo. Nos ha ayudado a identificar nuestras ventajas, a costear experiencias ya potenciar lo que tenemos. Ha sido clave para crecer”, afirma.
Conservar es conocer
Cada actividad busca dejar huella en el visitante: aprender para valorar, valorar para conservar. Así se explica su trabajo con especies como las Cattleyas, las emblemáticas orquídeas de los balcones campesinos del Eje Cafetero, que se reproducen y siembran para garantizar su permanencia.
“Sembramos especies amenazadas para que a futuro crezcan y se reproduzcan solas. Lo mismo hacemos con el café limpio y las rutas de anfibios y aves. Conocer para conservar: ese es nuestro mensaje”, concluye Marco.







