El aumento de los atentados de la guerrilla es visto por el gobierno colombiano como una muestra de “desespero”, mientras que algunos militares piensan que es una estrategia para proteger a su jefe, alias “Timochenko”
El gobierno acusa a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) de matar a 18 personas y causar heridas a cerca de cien, en su gran mayoría civiles, en ataques con explosivos cometidos el miércoles y jueves de la semana pasada contra estaciones policiales y un hotel en los departamentos de Nariño, Cauca (suroeste) y Tolima (centro-oeste).
Los atentados se produjeron apenas unos días después de que el país sintiera algo de entusiasmo con pronunciamientos de las FARC que vislumbraban mejores días en medio del conflicto armado interno que empezó a mediados de los años 60. El grupo anunció a finales de diciembre que liberará a seis de los 10 militares y policías que tiene como rehenes desde hace años y le propuso al gobierno retomar la agenda de la fracasada negociación de paz que se cumplió durante la administración del presidente Andrés Pastrana (1998-2002).
Ahora ese proceso de liberación está suspendido desde que las FARC dijeron que el Ejército ha efectuado operaciones en la zona donde están los rehenes, mientras que la posibilidad de un diálogo entre las partes parece muy lejana.
El presidente, Juan Manuel Santos, ha insistido varias veces desde que asumió el poder, en agosto de 2010, que está dispuesto a dialogar pero solamente si las FARC cumplen condiciones como cortar los nexos con el narcotráfico, liberar a los rehenes, renunciar al terrorismo y no atacar a la población civil.
Para el gobierno, los ataques en el suroeste del país obedecen al “desespero” de ese grupo por los fuertes golpes sufridos en los últimos tiempos, especialmente tras la muerte, en noviembre pasado, de quien era su máximo líder, Guillermo Sáenz, alias “Alfonso Cano”.
Los ataques de las FARC han sido intensos en las últimas semanas en poblados indígenas de Cauca, departamento donde “Cano” fue abatido en una gigantesca operación militar.
Pero oficiales encargados de perseguir a las FARC consideran que la concentración de los ataques en esa zona busca desviar la atención de las autoridades y proteger a quien sucedió a “Cano” como jefe del grupo, Rodrigo Londoño, alias “Timochenko”, cuyo centro de operaciones está al otro extremo del país, en el departamento de Norte de Santander (noreste), fronterizo con Venezuela.
Lo cierto es que el incremento de las acciones ofensivas no parece ser el camino más corto a un eventual proceso de paz, a juzgar por declaraciones de Santos.
Según el jefe de Estado, si las FARC buscan con eso “ablandar” al gobierno, lo que están logrando es un efecto contrario de “endurecimiento”. Santos ordenó al Ministerio de Defensa y a la cúpula militar que le presenten pronto una estrategia con medidas legales y tecnológicas para enfrentar la ofensiva guerrillera.
El ministro del Interior, Germán Vargas Lleras, considera que “con hechos como esos (los ataques) cada vez se alejará más la posibilidad de iniciar un diálogo como lo han venido proponiendo (las FARC)”.
A su turno, la presidenta del partido opositor de izquierda Polo Democrático Alternativo, Clara López, piensa que “los actos irracionales de violencia afectan a la población civil y alejan las posibilidades de concretar un proceso de paz”.
Otro efecto de los ataques en los que civiles han resultado muertos y heridos es la crítica hacia las FARC por parte de gobiernos y organizaciones internacionales, que no le viene bien a un grupo que durante el proceso de paz con el gobierno de Pastrana mandó emisarios a Europa para fomentar sus relaciones.
Fuente: DPA





