María Branyas Morera, reconocida como la persona más longeva del mundo, falleció a los 117 años en Olot, Girona, España. Su familia confirmó la noticia a través de un mensaje en redes sociales, destacando que Branyas murió de manera tranquila mientras dormía, tal como ella había deseado.
“Hace unos días, nos compartió que pronto dejaría este cuerpo, y que su largo viaje estaba por concluir”, escribió su familia, resaltando que su muerte fue tranquila y sin sufrimiento.
Además, su familia recordó las palabras que María les dijo poco antes de partir: ‘No sé cuándo, pero muy pronto este largo viaje llegará a su fin. La muerte me encontrará agotada de haber vivido tanto, pero quiero que me encuentre sonriente, libre y satisfecha'”.
María Branyas, nacida el 4 de marzo de 1907 en San Francisco, California, fue testigo de más de un siglo de historia, incluyendo dos guerras mundiales y la pandemia de COVID-19, a la que sobrevivió en 2020 a la edad de 113 años. En enero de 2023, fue reconocida por Guinness World Records como la persona viva más longeva tras el fallecimiento de la monja francesa Lucile Randon, quien también había alcanzado los 118 años.
La longeva mujer, de origen español, vivió una vida marcada por múltiples desafíos y viajes. Su padre, un periodista pamplonés, falleció durante un viaje de regreso a Cataluña en 1914, lo que llevó a la familia a establecerse en varias localidades catalanas. María pasó sus últimos 25 años en la residencia Santa Maria del Tura, donde era cuidada tras la muerte de su esposo.
A pesar de haber perdido la visión, el oído, y la memoria en sus últimos años, María mantenía un espíritu positivo y una profunda conexión con sus seres queridos. Según su hija Rosa, María no sufría de ninguna enfermedad grave, lo que contribuyó a su longevidad. En sus declaraciones a Guinness World Records, Branyas atribuyó su larga vida a “la tranquilidad, la buena relación con la familia, la estabilidad emocional y mantenerse alejada de la gente tóxica”.
La noticia de su fallecimiento ha generado un profundo respeto y admiración por su vida centenaria, en la que María siempre restó importancia a su título como la persona más longeva del mundo, considerando que “no tenía ningún mérito” en ello. Su familia la recuerda con cariño, destacando que María siempre deseó partir en paz, “agotada de haber vivido tanto, pero sonriente y satisfecha”.







