Mientras miles de personas cruzan a diario por las puertas del aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas, ajenas al drama que se esconde en sus rincones, una joven colombiana enfrenta en silencio una de las etapas más difíciles de su vida. Lleva cuatro meses viviendo en la terminal junto a su pareja y, con la voz entrecortada, afirma que está embarazada de mes y medio.
“No tenemos a dónde ir. Dormimos en las sillas del aeropuerto, comemos lo que podemos conseguir y ya llevo mes y medio de embarazo. Todo este tiempo he estado aquí, sin controles médicos, sin ayuda. No tenemos presupuesto para volver a Colombia”, relata la mujer, cuya identidad reservamos por motivos de seguridad.
Como ella, decenas de personas, en su mayoría migrantes, se encuentran atrapadas en el aeropuerto más importante de España, convertido para muchos en un refugio forzado. La mayoría llegó buscando una oportunidad o huyendo de situaciones difíciles en sus países de origen. Pero sin empleo, sin techo y sin acceso a una red de apoyo, han terminado sobreviviendo entre terminales, baños públicos y bancos metálicos.
En el caso de esta joven colombiana, la situación se agrava por su embarazo. “Tengo mes y medio y no he podido ir al médico. Me preocupa la salud del bebé, pero aquí no tengo opción. No es que yo quiera estar en este lugar, es que no tengo otra salida”, expresa con un tono que mezcla cansancio y desesperanza.
Algunos trabajadores del aeropuerto y pasajeros solidarios han ofrecido alimentos, frazadas o productos de higiene, pero la ayuda es esporádica y claramente insuficiente. Las autoridades han sido cuestionadas por la falta de políticas claras que atiendan esta problemática humanitaria, que no es nueva pero ha cobrado mayor visibilidad en los últimos meses.
La historia de esta colombiana no solo refleja el drama migratorio que se vive en Europa, sino también una profunda indiferencia frente al sufrimiento silencioso de quienes ya no tienen país ni futuro cierto. “Solo quiero regresar. Quiero estar en mi tierra, tener a mi hijo allá, poder vivir tranquila. No vine a hacer daño, solo buscaba algo mejor”, concluye con los ojos vidriosos.







