Durante el segundo Congreso de Actualización Pediátrica en Nutrición Infantil, realizado en Montenegro (Quindío), el profesor asociado de Pediatría de la Universidad Johns Hopkins, José Saavedra, se refirió a la situación de la desnutrición y la mala nutrición infantil en países como Colombia y en general en Latinoamérica.
El experto destacó los avances logrados en las últimas dos décadas, señalando que la desnutrición crónica —principal causa de baja talla en los niños— ha disminuido en casi un 60 % a nivel mundial. “Hemos logrado algo extraordinario. La baja talla, que era la principal señal de una nutrición inadecuada en los primeros años de vida, ha disminuido en un 60 % en solo 20 años. Es algo verdaderamente notable”, afirmó.
Sin embargo, Saavedra advirtió que, aunque estos avances son significativos, la desnutrición severa sigue presente en el mundo. “No hemos logrado llevarla a cero, como deberíamos. La malnutrición persiste, no por falta de alimentos, sino por problemas sociales y políticos que dificultan una distribución equitativa”, explicó.
El pediatra también señaló que aunque puede ser un desafío, “no tenemos un crecimiento de niños con sobrepeso y obesidad”, pero “hoy en día, el costo a la salud va a ser mucho mayor”, pues en los casos en los que esta situación está presente, “las complicaciones de esos niños con sobrepeso y obesidad que se vuelven adultos con sobrepeso y obesidad”, podrían tener enfermedades “desde diabetes, enfermedad cardiovascular e hipertensión”, haciendo mucho mayor el costo de lo que ha sido costo mayor de lo que ha sido eso va a ser mucho mayor el costo de lo que ha sido, no deshacernos en gran medida de la malnutrición que teníamos en los años 40 -50 en Latinoamérica”.
Asimismo, el profesor Saavedra respondió a la pregunta sobre si es posible que la mala alimentación de los padres se transfiera a los hijos. Explicó que, aunque los genes no cambian, sí existe una influencia significativa del entorno.
“El problema nutricional que enfrentamos hoy no se debe a cambios genéticos. No hemos desarrollado genes que produzcan obesidad; lo que ha cambiado es el ambiente que rodea al niño”, indicó. Como ejemplo, mencionó que un niño nacido de una madre con obesidad puede tener un mayor riesgo de desarrollar obesidad que aquel que nace de una madre con un peso normal.
“Hoy entendemos este fenómeno a través de cambios epigenéticos. Los genes son los mismos, pero el ambiente puede estimular o inhibir la actividad de ciertos genes relacionados con la acumulación de tejido adiposo”, señaló Saavedra.
Añadió que este desajuste responde a que, como especie, los seres humanos tardaban miles de años en adaptarse a nuevos entornos, pero los cambios actuales en la alimentación han ocurrido en apenas 200 años. “No hemos tenido tiempo de adaptarnos. Seguimos consumiendo más de lo que no deberíamos y menos de lo que realmente necesitamos”, concluyó.







