En Chilpancingo de los Bravo, en el estado de Guerrero, México, fue escenario de un espeluznante crimen este fin de semana. El recién nombrado alcalde de la ciudad, Alejandro Arcos, de 43 años, fue brutalmente asesinado y decapitado, solo seis días después de asumir el cargo. Su cabeza fue exhibida en el techo del vehículo donde fue encontrado su cuerpo, cubierto por cobijas en el asiento del copiloto. Las autoridades aún no han dado declaraciones oficiales sobre el caso.
Este hecho, que conmocionó a la comunidad, se presume como un ataque perpetrado por los cárteles de la droga que operan en la región, en represalia por la postura firme de Arcos contra el narcotráfico, lo que habría marcado su corta gestión al frente de la alcaldía de Chilpancingo. El alcalde había jurado el pasado 30 de septiembre, bajo la bandera del Partido Revolucionario Institucional (PRI), con el firme compromiso de combatir la criminalidad en una ciudad azotada por la violencia de grupos como Los Ardillos y Los Tlacos.
El PRI condenó enérgicamente el asesinato, calificándolo como un “cobarde crimen” y exigiendo justicia, mientras que la gobernadora de Guerrero, Evelyn Salgado, también expresó su repudio ante este atroz acto de violencia. Chilpancingo ha sido, por años, el epicentro de disputas territoriales entre organizaciones criminales, lo que ha dejado decenas de muertos y escándalos relacionados con la inseguridad en la región.
Guerrero es uno de los estados más peligrosos para los aspirantes a cargos públicos, con varios políticos y periodistas asesinados en los últimos años. Este último ataque reaviva la preocupación por la violencia en México, que ha cobrado la vida de al menos seis candidatos en los meses previos a las elecciones del 2 de junio. Las investigaciones continúan para esclarecer este crimen y detener a los responsables.






