Con una propuesta pedagógica innovadora y sensata, un proyecto liderado desde la Universidad del Quindío logró cambiar la percepción de niños y niñas frente a los arácnidos, tradicionalmente asociados al miedo y el rechazo. Se trata de “Ocho patas en el aula: tejiendo actitudes favorables hacia los arácnidos”, una iniciativa desarrollada por María José Osorio Caipe, estudiante de décimo semestre de la Licenciatura en Biología y Educación Ambiental, bajo la dirección de la profesora Alba Carolina Molano Niño.
La propuesta, más que transmitir conceptos científicos, tuvo como objetivo transformar emociones y actitudes hacia estos animales. “La idea no era que aprendieran qué es una araña, sino que comprendieran su importancia en los ecosistemas y la convivencia que debemos tener con ellas”, explicó Osorio Caipe.

El proyecto se implementó con 17 estudiantes de la institución educativa Hojas Anchas, en el municipio de Circasia, cuyas edades oscilaron entre los dos y los doce años. Durante el proceso, las aulas se convirtieron en espacios de exploración: los niños identificaron los lugares donde habitan las arañas, observaron sus telarañas, analizaron su morfología y recrearon estos animales con plastilina, utilizando analogías con el cuerpo humano para facilitar la comprensión.
El enfoque siempre fue positivo y responsable. Aunque se abordó el tema del veneno, se hizo énfasis en el respeto y la distancia. “Si no las molestamos, ellas no nos harán daño”, fue uno de los mensajes clave. El cambio fue evidente: expresiones como “las arañas no sirven para nada” dieron paso a reflexiones sobre su papel en el control de insectos y, finalmente, al reconocimiento de que son seres vivos con los que se debe convivir.
El proyecto se expande más allá del aula
La iniciativa trascendió el salón de clases gracias al trabajo interdisciplinario. Juan Camilo Isaza Rodríguez, estudiante de Licenciatura en Literatura y Lengua Castellana de la UQ y exintegrante de Tejecuentos, se sumó con una jornada de cuentería que despertó el interés narrativo de los niños. De allí surgió la idea de crear una antología ilustrada, un libro que recopilará los cuentos de los estudiantes, cada uno firmado por su pequeño autor.
El cierre del proyecto incluyó la creación de un mural colectivo, diseñado por Jacobo Vanegas Herrera, estudiante de Biología e ilustrador, quien convirtió las ideas de los niños en un boceto final. El mural fue plasmado en la Universidad del Quindío, hasta donde los 17 estudiantes llegaron para participar en actividades en la Casita de las Ciencias.
La visita se convirtió en una experiencia inspiradora. “Les decíamos que ellos también pertenecen a esta universidad, que en unos años pueden estudiar aquí”, relató la futura licenciada, resaltando el impacto motivacional de la jornada.

Un aprendizaje que deja huella
María José Osorio destacó el acompañamiento de su directora de trabajo de grado, Alba Carolina Molano Niño, y se prepara para culminar su proceso académico con la presentación formal del proyecto, los últimos detalles del mural y la publicación de la antología ilustrada.
En un rincón del Quindío, esta experiencia pedagógica, tejida con ciencia, arte y narración, logró que un grupo de niños deje de ver a las arañas como una amenaza y comience a reconocerlas como parte esencial de la vida y los ecosistemas. Una muestra de que la educación, cuando se construye con paciencia y sensibilidad, puede transformar miradas y sembrar respeto por todas las formas de vida.







