Con cultivos limpios, turismo ecológico y un modelo de enseñanza que rescata el valor del campo, la Universidad del Quindío avanza en la sexta fase de Territorio Pijao, un proyecto que desde 2020 impulsa a estudiantes, fincas y asociaciones en Pijao, Córdoba, Génova y Buenavista.
La iniciativa, liderada por la Uniquindío, promueve agricultura sostenible, ecoturismo y emprendimiento social con un enfoque comunitario. Durante una visita reciente, la universidad presentó algunos de sus logros: desde la huerta escolar de la sede Río Verde Bajo, hasta la oferta de ecoturismo en Moira Ecolodge y la comercialización de café a cargo de la Asociación de Mujeres Campesinas.
En la institución educativa Río Verde Bajo, unos 150 niños y niñas de cinco sedes aprenden a cultivar tomate, cebolla, lechuga y ají sin químicos, guiados por docentes y acompañamiento técnico de la universidad. La meta: que las nuevas generaciones comprendan el valor de la tierra y se enamoren del campo.
“Queremos que los jóvenes valoren el campo y vean su potencial”, dice Julio César Suárez García, rector de la sede. “Muchos prefieren irse a la ciudad. Aquí les enseñamos que de la tierra también se puede vivir con dignidad”.
El impacto no se limita a sembrar. La meta es que aprenderán a transformar y comercializar lo que producen. “Inculcamos el orgullo por tener tierra y trabajarla”, recalca Suárez.
Isabella Bedoya, una de las estudiantes, resume el cambio: “Yo no me interesaba por sembrar, pero aprendí a quererlo. Ahora cultivo tomate y me encanta ver cómo se aprovecha en el restaurante escolar”.
Detrás de esta apuesta está la agroecología, explica Octavio Marín, docente de ciencias naturales y agropecuarias. “Enseñamos un cultivar de la mano de la naturaleza, sin venenos. Es posible y necesario para el futuro”, afirma.
El reto no es menor: la migración del campo a la ciudad y la falta de conocimientos técnicos entre familias campesinas amenazan la soberanía alimentaria. Por eso, Territorio Pijao busca expandirse a más sedes, multiplicar huertas y fortalecer alianzas con fincas, hospedajes rurales y asociaciones productivas.
Para la Universidad del Quindío, se trata de un modelo que conecta educación, territorio y comunidad, con impacto real en la economía local, la conservación ambiental y la identidad campesina del Quindío.
“El mundo necesita modelos sostenibles de agricultura, y aquí demostramos que es posible empezar desde la escuela”, concluye el docente Marín, mientras observa a sus alumnos sobre tomates y cebollas que, más allá de alimentar, sembrarán futuro.







