La búsqueda de embellecer el cuerpo a través del arte en la piel se convirtió en una trampa mortal y en un oscuro misterio para toda una familia. Lo que prometía ser una simple sesión de modificación corporal a domicilio terminó en una escena aterradora que dejó más preguntas que respuestas sobre los enormes peligros de los procedimientos estéticos clandestinos.
Durante meses, el dolor y la incertidumbre rodearon este extraño caso, mientras las autoridades intentaban descifrar qué salió tan mal en la intimidad de una vivienda. Según los reportes, la víctima apenas soportaba las punzadas en su piel, lo que desencadenó una fatal decisión: contactar a un supuesto especialista para aliviar su sufrimiento, sin imaginar que literalmente le abrirían la puerta a su propio final.
El dramático hecho cobró la vida de Yenifer García Valencia, de 33 años, en el barrio Terrazas de San Jorge (Bogotá). Mientras se realizaba la cuarta sesión de un tatuaje en la espalda, un presunto enfermero llegó a la casa, cobró $600.000 pesos y procedió a inyectarle medicamentos por vía intravenosa para supuestamente calmar el dolor, desatando un colapso fulminante.
El Instituto Nacional de Medicina Legal acaba de revelar el escalofriante dictamen: Yenifer sufrió una muerte violenta tipificada como homicidio. En su organismo introdujeron una dosis letal de fentanilo, midazolam y ketamina. Este poderoso cóctel depresor, suministrado sin ningún tipo de control clínico, terminó provocándole fallas respiratorias y cardiovasculares irreversibles.


