Miles de campesinos colombianos, apoyados por trabajadores estatales y estudiantes, marcharon el jueves por las calles de las principales ciudades del país, incluida Bogotá, en apoyo a una protesta agrícola cada vez más violenta que se ha convertido en uno de los principales desafíos al presidente Juan Manuel Santos.
La protesta de los agricultores, principalmente productores de papa, cebolla, leche y frutas, completó 11 días y mantiene bloqueadas carreteras en varias regiones del país, lo que ha provocado escasez y alzas en los precios de los alimentos en las principales ciudades del país de 47 millones de habitantes.
Durante las marchas se registraron saqueos de algunos locales comerciales en el sur de Bogotá y enfrentamientos en el centro de la ciudad entre manifestantes, que destruyeron ventanas con piedras, y la policía que lanzó gases lacrimógenos para dispersarlos.
Los desordenes se produjeron pese a que antes del comienzo de las movilizaciones Santos hizo un llamado a la calma y a evitar la violencia.
“Sin duda alguna, estamos atravesando por una tormenta; una tormenta que se formó por la acumulación del abandono y de falta de políticas en el sector agropecuario durante muchísimo tiempo. Y ahora estamos pagando las consecuencias”, dijo el mandatario en un discurso por televisión.
“Hay una crisis en el sector agropecuario, una crisis que tenemos que enfrentar y de la cual vamos a salir adelante porque este país tiene un enorme potencial”, agregó.
Vestidos con ponchos de lana y sombreros, los campesinos caminaron por las principales calles de Bogotá mientras hacían sonar pitos y batían banderas de Colombia, hasta que se concentraron en la Plaza de Bolívar, en el centro histórico de la capital.
Las protestas sociales están presionando a Santos a sólo tres meses del plazo para que decida si se postulará para un segundo mandato en las elecciones del 2014, y en momentos en que busca acelerar la negociación de paz con las izquierdistas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) para poner fin a un conflicto interno de casi 50 años.
El ministro de Defensa, Juan Carlos Pinzón, acusó a las FARC de haber infiltrado las protestas sociales, que incluyen una huelga de mineros artesanales y manifestaciones de los habitantes de una región del noreste del país, cerca a la frontera con Venezuela.
“Que aquí quede claro que no hay ningunas palomitas, que aquí lo que hay son unos vándalos criminales al servicio de intereses oscuros, por su puesto al servicio de los terroristas de las FARC en algunos casos y de sus conexiones políticas”, dijo Pinzón.
Por Reuters






