Iman Al Masry, es una mujer desplazada por la guerra, y que pese a esta, tuvo el milagro de la vida al dar a luz a cuatrillizos en el centro de la Franja de Gaza.
Al Masry huyó de su casa en Beit Hanun, cinco días después de que inició el conflicto el pasado 7 de octubre.
“Me llevé conmigo apenas unas prendas de verano para los niños. Pensaba que la guerra no duraría más de una semana o dos, y que volveríamos a nuestra casa”, mencionó Iman.
En ese entonces, embarazada de seis meses, con 3 hijos pequeños y sin importar el cansancio y la crueldad que dejaba a sus espaldas, emprendió un recorrió de 5 kilómetros, la distancia que separaba su casa del campo de Jabaliya, donde encontró un medio de transporte para proseguir hasta Deir el Balah.
“La distancia me cansó y afectó mi embarazo. Fui a ver a un médico y me dijo que presentaba signos de que iba a tener un parto prematuro”, añadió para AFP.

Ante esto, y ya con 8 meses de gestación, los médicos decidieron inducirle el parto por cesárea y traer al mundo el pasado 18 de diciembre a Yaser, Tia, Lynn y Mohammad, quien no pudo estar con su madre, pues está en observación en un hospital de Nuseirat, siete kilómetros más al norte.
El estado de salud del cuarto bebé era inestable. “Solo pesa un kilo, puede que no sobreviva. Los otros tres bebés nacieron sanos, alabado sea Dios”, explicó esta madre de 29 años.

Iman Al Masry permanece con angustia constante, pues no ha podido ver a pequeño Mohammad desde el nacimiento. “Estoy preocupada por él, pero el camino es peligroso” para ir a visitarlo, no obstante, a través de un amigo de su esposo hace el seguimiento al estado de salud de su hijo.
Pero esta no es la única preocupación que tiene la madre, ya que las carencias alimenticias no le permiten amamantar correctamente a sus otros 3 hijos y los implementos de aseo son escasos.
“Utilizo los pañales con precaución. En tiempos normales los cambio cada dos horas, pero la situación es difícil, así que solo los cambio por la mañana y por la tarde”.
Por su parte, el padre de 33 años, expresó: “Me siento impotente Tengo miedo por la vida de mis hijos y no sé cómo protegerlos. Mi mujer precisa comer alimentos con proteínas. Pero no puedo dárselos. Mis hijos necesitan leche y pañales”.






