Una tragedia sacude a la República Democrática del Congo luego de que el colapso de una mina de coltán dejara más de 200 personas muertas en la región de Rubaya, en la provincia de Kivu Norte, al este del país. El desastre ocurrió tras intensas lluvias que provocaron un deslizamiento de tierra sobre varias galerías donde trabajaban mineros artesanales y se encontraban comerciantes y habitantes de la zona.
Según autoridades locales, el derrumbe se produjo de forma repentina mientras decenas de personas extraían el mineral o permanecían cerca de los pozos. La avalancha de lodo y rocas sepultó túneles completos, dejando atrapadas a numerosas víctimas bajo los escombros. Equipos de emergencia y voluntarios iniciaron labores de rescate, aunque estas se han visto limitadas por la inestabilidad del terreno y la falta de maquinaria pesada.
Hasta el momento, se reportan al menos 20 personas heridas, quienes fueron trasladadas a centros médicos cercanos para recibir atención por fracturas, traumatismos e hipotermia. Las autoridades advirtieron que la cifra de fallecidos podría aumentar, ya que varias personas continúan desaparecidas y se teme que permanezcan bajo toneladas de tierra.
La mina operaba de manera artesanal e informal, una práctica común en esta región del Congo, donde miles de personas dependen de la extracción del coltán para subsistir. Este mineral es clave para la fabricación de teléfonos móviles, computadores y equipos electrónicos. Sin embargo, la falta de regulación y de condiciones mínimas de seguridad expone constantemente a los trabajadores a accidentes mortales.
Además del riesgo geológico, la zona enfrenta un complejo contexto de conflicto armado. Diversos grupos irregulares controlan áreas mineras y se benefician del comercio del coltán, lo que dificulta la supervisión estatal y la protección laboral. La tragedia ha reabierto el debate internacional sobre la explotación de recursos estratégicos, la seguridad de los mineros y la responsabilidad global en la cadena de suministro tecnológico.








