Las autoridades del régimen continúan imponiendo
restricciones a actividades culturales y deportivas, afectando ahora al ajedrez, considerado por muchos como una herramienta educativa y de desarrollo intelectual.
El régimen talibán ha comenzado a restringir la práctica del ajedrez en diversas regiones de Afganistán, argumentando que este juego milenario constituye una forma de apuestas y distrae a la población de sus obligaciones religiosas. Aunque no se ha emitido una prohibición oficial a nivel nacional, se han reportado cierres de clubes, cancelación de torneos y creciente presión sobre los ajedrecistas.
Esta decisión recuerda al anterior mandato talibán entre 1996 y 2001, cuando el ajedrez fue totalmente prohibido, se destruyeron tableros y piezas, y varios jugadores fueron perseguidos, detenidos e incluso torturados por practicarlo en secreto.
Desde el regreso al poder en 2021, muchos temen un retorno a esas medidas represivas. La federación femenina ha cesado sus actividades, y un número creciente de jugadores y entrenadores ha optado por abandonar el país. No obstante, algunos apasionados del juego continúan reuniéndose en la clandestinidad para mantener viva la práctica del ajedrez en condiciones adversas.
En 2022, el equipo nacional afgano fue autorizado a participar en la Olimpiada de Ajedrez en Chennai, India, lo que generó una breve esperanza de flexibilización. Sin embargo, la situación actual indica un nuevo retroceso en las libertades culturales y deportivas bajo el régimen talibán, especialmente en lo que respecta a la participación de las mujeres.
Esta nueva medida se suma a una larga lista de restricciones impuestas por el régimen, que continúa reconfigurando la vida pública en Afganistán bajo una interpretación estricta de la ley islámica.







