
Para poder hacerlo, el primer paso es el arrepentimiento y esto no es un sentimiento de culpabilidad, sino la disposición de corregir y cambiar de rumbo, es encaminar los pasos en otro sentido, no volverlo a hacer. El segundo paso es reconocer ante la persona herida nuestra culpa y hacernos responsables de lo ocasionado; es ahí, en esa actitud de humildad cuando recibimos el beneficio del perdón y la restauración de la relación. Sentiremos al hacerlo, que nuestro carácter se ha fortalecido y que en lugar de perder, hemos ganado. Es tiempo de reconocer el efecto de nuestras palabras y poder restaurar a quien nos requiere sabiendo que Dios nos ayuda en este proceso, pues El tomó primero la iniciativa de buscarnos por amor.
Cita para meditar:
Marcos 11:25: Y cuando estéis orando, perdonad si tenéis algo contra alguien, para que también vuestro Padre que está en los cielos os perdone vuestras transgresiones.
Por. Pastor Raúl Martínez






