En los primeros días de septiembre, el desierto del Sahara ha sido escenario de un evento meteorológico sin precedentes, con precipitaciones que han superado en más de un 500% los niveles normales para esta época del año, según el Centro Europeo de Previsión Meteorológica a Medio Plazo (ECMWF). Este fenómeno ha causado preocupación entre meteorólogos y científicos, dado que el Sahara es conocido por ser una de las regiones más áridas del planeta, con menos de 25 milímetros de lluvia anuales.
El inusual desplazamiento hacia el norte del Frente Intertropical de Convergencia (ITCZ) ha sido identificado como el principal responsable de la formación de tormentas intensas sobre el desierto, algo que no se había registrado en décadas. Normalmente, las lluvias en el Sahara se concentran en el sur, cerca del Sahel, pero este desplazamiento ha provocado que las precipitaciones se extiendan por áreas del desierto que suelen pasar años sin recibir agua.
José Miguel Viñas, meteorólogo de Meteored, advirtió sobre la vulnerabilidad de ciertas zonas montañosas del Sahara, cuyos suelos prácticamente impermeables podrían enfrentar inundaciones súbitas, poniendo en riesgo a las comunidades locales. “La infraestructura no está preparada para manejar este tipo de lluvias en un entorno tan árido”, señaló.
En algunas áreas, como Tagunit, en la provincia de Zagora, cayeron 170 milímetros de lluvia en solo dos horas, lo que contrasta con la media anual de 100 milímetros en la región. Mohamed Taher Srairi, experto en sistemas de producción agrícola, destacó que estas precipitaciones, aunque inusuales, podrían tener efectos positivos, especialmente en la reactivación de acuíferos, oasis y pastizales, fundamentales para las economías locales basadas en la cría de camellos, ovejas y cabras.
Sin embargo, el meteorólogo Luis Bañón señala que, aunque este fenómeno es extremadamente raro, es difícil determinar si está directamente relacionado con el cambio climático o con la propia variabilidad del clima. Bañón también apuntó que el evento podría estar vinculado al fenómeno de La Niña, que suele alterar los patrones climáticos globales.
A medida que las lluvias continúan afectando al Sahara, la comunidad científica mantiene su atención en las posibles consecuencias a largo plazo, tanto en el ecosistema del desierto como en las vidas de quienes lo habitan.






