Una iniciativa ambiental está transformando un residuo cotidiano en una herramienta de restauración ecológica. En los canales de Xochimilco, el cabello humano comenzó a utilizarse como biofiltro natural para combatir la contaminación urbana que afecta este ecosistema histórico.
El proyecto recolecta cabello en peluquerías y barberías para fabricar barreras y tapetes flotantes colocados sobre el agua. Gracias a la queratina —proteína presente en la fibra capilar— el material puede absorber aceites, grasas e hidrocarburos sin alterar la fauna ni la flora acuática.
Especialistas explican que el cabello tiene propiedades hidrofóbicas capaces de retener contaminantes que normalmente permanecen suspendidos en el agua. Esto permite reducir la turbidez y evitar que las sustancias tóxicas se expandan por los canales, uno de los humedales más importantes de América Latina.
Además del beneficio ambiental, la iniciativa impulsa un modelo de economía circular: establecimientos donan los residuos capilares, voluntarios elaboran los filtros y comunidades participan en jornadas de limpieza. Una vez saturado, el material se retira sin generar desechos peligrosos.
El programa busca mejorar progresivamente la calidad del agua en Xochimilco, afectada durante décadas por descargas domésticas y basura urbana, y demostrar que soluciones simples y sostenibles pueden contribuir a la recuperación de ecosistemas vulnerables.







