Sobre las 11:59 p. m. de este lunes, un terremoto de magnitud 6.2 sacudió las provincias de Gansu y Qinghai (China) a diez kilómetros de profundidad, dejando más de 116 personas fallecidas y más de 500 heridas.
Poco después de este movimiento, otro seísmo de magnitud 5.5 azotó la región noroeste de Xinjiang, sin embargo, no se reportaron víctimas mortales.
De acuerdo con el reporte de las autoridades, cerca de 4.700 casas han resultado dañadas y el suministro de energía, agua y transporte está interrumpido en algunas aldeas.
Se cree que el número de víctimas mortales aumenten con el paso de las horas mientras avanzan las labores de búsqueda y rescate.
Asimismo, los organismos de socorro trabajan sobre el tiempo, pues las temperaturas están descendiendo cada vez más dificultando estas labores, especialmente en las regiones montañosas.
Así pues, el presidente chino, Xi Jinping, ordenó que “se hagan todos los esfuerzos posibles para llevar a cabo búsqueda y rescate, tratar a los heridos de manera oportuna y minimizar las víctimas”.






