El usualmente rutilante rascacielos neoyorquino se convirtió en una “débil chispa”, mientras los majestuosos carteles de Broadway reducían el tono de sus luces de neón.
Horas antes, en París, el símbolo más conocido de la capital francesa dejó de brillar y quedó a oscuras durante cinco minutos, brevedad que se explicó por razones de seguridad.
Además de la Torre Eiffel, cerca de 300 monumentos parisinos se apagaron el sábado por la noche para participar en el evento “Earth Hour”, organizado por noveno año por el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF).
En Madrid, en cuanto las luces se apagaron en los jardines del Palacio de Oriente, ciclistas pedalearon sobre un escenario para dar luz a un globo terrestre gigante: “Save our climate now!” (“Salvemos ahora nuestro clima”). En Berlín, activistas compusieron este eslogan con velas en bolsas de papel cerca de la puerta de Brandenburgo.
El objetivo no era sólo ahorrar electricidad en ese momento puntual, sino sensibilizar sobre la necesidad de utilizar fuentes de energía sostenibles y de pedir compromisos políticos para detener el calentamiento. La Hora del Planeta, que tiene lugar en todas las regiones geográficas a las 8:30 locales, comenzó a celebrarse en Australia centrándose en la agricultura, debido al temor de que un aumento de las temperaturas socave la capacidad del país para producir alimentos.
Después llegaron los rascacielos de Hong Kong, la Torre Taipei 101 en Taiwán o las torres gemelas Petronas, en Kuala Lumpur.
La iniciativa empezó en Sídney en 2007, pero se convirtió en un acontecimiento global muy rápidamente. “Más de 170 países y territorios, más de 1.200 lugares emblemáticos y cerca de 40 enclaves declarados patrimonio de la humanidad por la UNESCO” debían participar en la iniciativa, según dijo a la AFP el director de la Hora del Planeta, Sudhanshu Sarronwala.
La consigna este año es “utiliza tu poder para cambiar el cambio climático”, lo que ha dado pie a numerosas iniciativas en distintos lugares, como una fiesta de baile Zumba con trajes que brillan en la oscuridad en Filipinas, cenas a la luz de las velas en restaurantes de Londres y una pista de baile con su propio generador bajo la Torre Eiffel. Mike Berners-Lee, un consultor privado experto en energía, dijo a AFP que la Hora del Planeta es una forma muy efectiva de enviar un mensaje para decir a la gente que “le incumbe verdaderamente que la reunión de París sea un éxito”. Se estima que nueve millones de personas en 162 países participaron el año pasado en esta iniciativa, según los datos de WWF.
AFP







