Este martes, a través de un comunicado difundido públicamente, Sandra Paola Hurtado Palacio anunció su renuncia al partido Cambio Radical. En el documento, hecho circular a la opinión pública del Quindío, la exgobernadora expuso duras críticas contra el gobierno municipal de Armenia, cuestionó a su colectividad política y aseguró que su decisión obedece a un acto de “coherencia”, al tiempo que manifestó su alineación con el Centro Democrático.
Sin embargo, lejos de cerrar un capítulo, el anuncio abrió nuevamente una polémica que el departamento no ha superado. La renuncia no se lee como un simple movimiento político, sino como un nuevo intento de reposicionamiento de una de las figuras más cuestionadas de la historia reciente del Quindío, cuyo nombre sigue ligado a sanciones, procesos y un profundo desgaste institucional.
Hurtado, exasesora de David Barros Vélez, exdiputada y exgobernadora del Quindío, fue sancionada con destitución e inhabilidad para ejercer cargos públicos por la Procuraduría General de la Nación, en decisiones relacionadas con irregularidades en contratación durante su administración. De igual forma, ha enfrentado actuaciones penales por presuntos hechos de corrupción, que la mantuvieron durante años bajo la lupa de la Fiscalía. Estos antecedentes no son opiniones ni juicios mediáticos: corresponden a actuaciones formales de los organismos de control del Estado.
A pesar de ese historial, la exmandataria intenta hoy erigirse como una voz moral, crítica del manejo de lo público y del llamado “modelo de negocio” en la administración. El contraste resulta evidente. Para amplios sectores ciudadanos, no es creíble un discurso de rectitud política cuando el pasado está marcado por sanciones, investigaciones y una pérdida sostenida de confianza pública.
La controversia se intensificó tras el pronunciamiento del candidato a la Cámara de Representantes Jesús Armando Bedoya, del Centro Democrático, quien rechazó de manera categórica cualquier apoyo, adhesión o intento de vincular a Hurtado con su campaña. El mensaje fue claro y directo: no hay espacio para respaldos provenientes de figuras hoy inhabilitadas y asociadas a prácticas que la ciudadanía ha cuestionado durante años.
Más allá del cambio de partido, el debate de fondo sigue siendo el mismo. Para muchos quindianos, Sandra Paola Hurtado representa a los clanes políticos tradicionales que concentraron el poder regional durante décadas y que, según una crítica ampliamente extendida, contribuyeron al atraso del departamento, al debilitamiento institucional y a la normalización de viejas prácticas políticas.
Su renuncia a Cambio Radical no borra los antecedentes ni reescribe la historia. Tampoco convierte a una dirigente sancionada e inhabilitada en símbolo de renovación. El Quindío atraviesa hoy un momento de memoria política, en el que cada intento de reciclaje despierta resistencia y exige claridad.
La ciudadanía observa y recuerda. Porque en un departamento cansado de los mismos nombres y las mismas lógicas, la coherencia no se proclama en un comunicado: se demuestra con trayectorias limpias, con hechos y con respeto por la memoria colectiva.







