Barranquilla, una de las ciudades colombianas más afectadas por las altas temperaturas asociadas al fenómeno de El Niño, enfrenta ahora fuertes lluvias que han provocado inundaciones, corrientes peligrosas y emergencias en distintos sectores de la capital del Atlántico.
Del calor extremo a las inundaciones: Barranquilla enfrenta la otra cara del clima
Durante los últimos meses, Barranquilla ha figurado entre las ciudades del país con las sensaciones térmicas más elevadas, producto de las altas temperaturas que han acompañado el fortalecimiento del fenómeno de El Niño. Las condiciones cálidas han impactado especialmente a la región Caribe, donde el calor ha alcanzado niveles sofocantes para miles de habitantes.
Sin embargo, la ciudad ahora enfrenta el otro extremo de la variabilidad climática. Las intensas lluvias registradas durante las últimas horas generaron inundaciones y fuertes corrientes de agua en varios puntos de Barranquilla, afectando la movilidad y poniendo en riesgo a conductores y peatones.
Uno de los episodios más llamativos se registró en la carrera 40 con calle 42, en pleno centro de la ciudad, donde varios ciudadanos se unieron para evitar que algunos vehículos fueran arrastrados por la fuerza del agua. Videos compartidos en redes sociales muestran cómo la corriente avanzaba con intensidad mientras las personas intentaban poner a salvo los automotores.
Expertos han advertido que los fenómenos climáticos extremos son cada vez más frecuentes e intensos. Aunque El Niño suele estar asociado con temperaturas elevadas y disminución de lluvias en amplias zonas del país, también puede contribuir a una mayor inestabilidad atmosférica y a eventos meteorológicos severos en determinados momentos y regiones.
Barranquilla, además, posee una histórica vulnerabilidad frente a los llamados arroyos urbanos, corrientes que se forman rápidamente durante precipitaciones intensas debido a las características topográficas e hidrológicas de la ciudad.
Mientras las autoridades monitorean las afectaciones ocasionadas por las lluvias, el episodio vuelve a evidenciar cómo las ciudades deben prepararse para enfrentar tanto las olas de calor como los eventos de precipitación extrema, dos caras de un clima cada vez más impredecible.






