Una apuesta por acercar la ciencia a los niños de las zonas rurales de Pijao hoy se ha convertido en un referente ambiental para toda la región. El proyecto Bonplandia, liderado por la Fundación Frailejones y respaldado por la Universidad del Quindío, fue seleccionado como finalista de los Premios Verdes 2026, uno de los reconocimientos más importantes de Iberoamérica en materia de sostenibilidad, ubicándose entre las 500 mejores iniciativas socioambientales de Latinoamérica y el Caribe.
Detrás de este logro se encuentra el trabajo articulado entre comunidades rurales, docentes, líderes locales y un grupo de jóvenes biólogas de la Universidad del Quindío: María Diago, Maribel Rojas, María Paula Toro y Sofía Arroyave, quienes han llevado el conocimiento científico más allá de los laboratorios para convertirlo en una herramienta de transformación social y ambiental. Gracias a este esfuerzo conjunto, Bonplandia representará al Quindío en la final que se realizará en octubre próximo en Ecuador.
La iniciativa nació en el municipio de Pijao con el propósito de fortalecer el conocimiento y la conservación de los ecosistemas andinos a través de la educación. Actualmente, el Laboratorio Bonplandia y el Programa Tierra benefician a 318 estudiantes de 13 sedes educativas rurales, entre ellas la Institución Educativa La Mariela y el Instituto Pijao. Allí, los niños aprenden sobre biodiversidad, investigan especies nativas, exploran los ecosistemas de montaña y participan activamente en procesos de conservación ambiental.
“Cuando una generación no conoce su ecosistema, difícilmente puede protegerlo”, afirma Juan David Agudelo, director y fundador de la Fundación Frailejones. Bajo esta premisa, el proyecto desarrolló 35 guías pedagógicas que integran ciencia, arte y bienestar emocional. Cada jornada combina clases sobre biodiversidad, actividades de expresión artística y espacios de yoga liderados por integrantes de la comunidad, fortaleciendo así una educación integral y conectada con el territorio.
De manera paralela, el Programa Tierra impulsa 14 huertas escolares que producen cientos de kilos de alimentos al año, promoviendo la seguridad alimentaria y la agricultura sostenible. Más allá de las instituciones educativas, el conocimiento se extiende a los hogares, donde muchas familias han replicado estos cultivos, fortaleciendo la cultura ambiental y la autosuficiencia alimentaria en la región.
El respaldo de la Universidad del Quindío ha sido fundamental para consolidar este proceso. A través de la Oficina de Innovación, liderada por Andrea Gómez Escudero, se estableció un convenio de cooperación orientado a promover el desarrollo rural sostenible mediante la agricultura ecológica, el ecoturismo y el fortalecimiento de emprendimientos comunitarios. Como resultado de esta alianza, este año se construyó un vivero y se desarrolló la primera jornada pedagógica con acompañamiento técnico de la institución.
Las cuatro biólogas vinculadas al proyecto acompañan semanalmente las actividades en las escuelas rurales y participaron en la cocreación de las 35 guías educativas junto con docentes y líderes comunitarios. “Buscamos que la Universidad aporte la ciencia y la técnica; la comunidad, el territorio y sus conocimientos; y nosotros conectamos ambos mundos”, explicó Maribel Rojas Montoya, una de las profesionales involucradas en la iniciativa.
Actualmente, la Fundación Frailejones cuenta con 615 beneficiarios activos, entre ellos 560 niños, 32 jóvenes, 18 becarios y cinco adultos mayores. En un municipio de aproximadamente 6.000 habitantes, el proyecto impacta directamente a una de cada cuatro familias y ha alcanzado de manera indirecta a más de 4.000 hogares.
Más allá de competir por un reconocimiento internacional, Bonplandia busca visibilizar el potencial de las comunidades rurales para construir modelos sostenibles de desarrollo. La iniciativa pretende demostrar que la unión entre el conocimiento científico, los saberes ancestrales y la participación comunitaria puede convertirse en una poderosa herramienta para la conservación de los ecosistemas y el fortalecimiento del tejido social.
Mientras se acerca la final de los Premios Verdes 2026, en las montañas de Pijao continúa una labor silenciosa que transforma vidas. Entre huertas, cuadernos, semillas y caminatas por los bosques andinos, niños, docentes, científicos y campesinos están escribiendo una historia de educación, conservación y esperanza que hoy pone al Quindío en los ojos de Latinoamérica.








