A medida que la guerra en Ucrania se intensifica, el Ejército ruso enfrenta una crisis creciente: el agotamiento de sus reservas históricas de vehículos blindados y tanques. Un análisis reciente revela que más de la mitad del armamento pesado que Rusia mantenía almacenado ha sido desplegado, destruido o quedó inoperativo, dejando al Kremlin con una capacidad de reemplazo seriamente limitada.
Según expertos en defensa, la Federación Rusa está perdiendo en el campo de batalla hasta diez tanques por cada uno que logra producir. Mientras tanto, su industria militar solo consigue fabricar entre 90 y 150 unidades nuevas al año, ritmo que no logra compensar las pérdidas masivas.
El informe también advierte que el país ha tenido que recurrir a sus existencias más antiguas, incluidos tanques T-54 y T-62 de la era soviética, e incluso a la importación de munición y armas desde Corea del Norte, Irán y China para sostener su ofensiva.
“El desgaste del conflicto ha alcanzado un punto crítico. A este ritmo, Rusia podría quedarse sin reservas estratégicas de vehículos blindados hacia finales de 2025 o inicios de 2026”, alertó Pavel Luzin, analista militar.
Además, los envíos logísticos desde depósitos militares han disminuido drásticamente: de 242.000 toneladas de material en 2022, se proyecta un envío de solo 119.000 toneladas para 2025. Esta caída refleja tanto la escasez como las dificultades logísticas y de producción.
El avance tecnológico de Ucrania, apoyado por sus aliados occidentales, ha intensificado la presión sobre el ejército ruso, que lucha por mantener la paridad en el campo de batalla.







