El terremoto golpeó con fuerza a Quimbaya y dejó a su paso daños, incertidumbre y dolor. Pero también despertó una fuerza que hoy se siente en cada calle: la unión de una comunidad decidida a levantarse.
Una de las heridas más visibles de la emergencia está en su iglesia, un templo que durante generaciones ha sido mucho más que un lugar de oración: es un símbolo de fe, historia e identidad para los quimbayunos. Sus afectaciones recuerdan la magnitud de un terremoto que también golpeó viviendas, establecimientos comerciales y, sobre todo, la tranquilidad de cientos de familias.
En medio de este panorama, el alcalde Juan Manuel Rodríguez Brito ha permanecido en las calles desde las primeras horas de la emergencia. De día y de noche, el mandatario ha recorrido los sectores afectados, escuchado a las familias y acompañado a quienes hoy enfrentan momentos de angustia y preocupación.
La prioridad, según el mensaje de la administración municipal, ha sido permanecer cerca de la comunidad y trabajar con los recursos disponibles para responder a las necesidades más urgentes.
“Hoy no nos quejamos” es la premisa con la que Quimbaya enfrenta esta etapa. Mientras se espera el respaldo de las entidades con capacidad de brindar asistencia, el municipio continúa avanzando con sus propios esfuerzos para atender la emergencia y comenzar a recuperar lo perdido.
Hoy hay calles con escombros, viviendas afectadas y familias que todavía intentan asimilar lo ocurrido. Hay negocios que deben volver a abrir sus puertas y espacios que tendrán que ser reconstruidos. Pero también hay algo que el terremoto no logró derrumbar: el espíritu de los quimbayunos.
La solidaridad entre vecinos, el civismo, la ayuda mutua y la capacidad de sobreponerse a las dificultades se han convertido en una fuerza fundamental durante estas horas difíciles.
Quimbaya fue golpeada, pero no está vencida
Entre las ruinas comienza a abrirse paso la esperanza. La reconstrucción será un proceso largo y exigente, pero la comunidad tiene claro que no quiere dejar a nadie atrás.
Porque si algo ha demostrado esta emergencia es que, cuando la tierra tiembla y todo parece venirse abajo, la fuerza de un pueblo unido puede convertirse en el primer paso para volver a levantarse.







