En una nueva medida restrictiva, los talibanes han prohibido que las mujeres afganas asistan a institutos de formación profesional en el área de la salud, como enfermería y obstetricia. La decisión, ordenada por el líder supremo Maulaui Hibatullah Akhundzada, fue comunicada verbalmente a los directores de institutos por el Ministerio de Salud Pública. Esto se suma a las prohibiciones previas que ya impedían a las mujeres acceder a la educación secundaria y universitaria desde 2021.
Miles de estudiantes, como Tayaba (26 años) y Eman (24 años), han visto truncadas sus esperanzas de formarse como enfermeras o parteras. En los últimos dos años, alrededor de 35.000 mujeres habían optado por estos programas de formación profesional como única alternativa educativa disponible. La nueva prohibición cierra esa vía, generando una crisis en un país donde los servicios sanitarios ya eran deficientes y las mujeres solo pueden ser atendidas por trabajadoras femeninas.
La medida afecta a 18 disciplinas de formación médica, incluyendo enfermería, odontología y técnicas de laboratorio, en todas las instituciones públicas y privadas. Esto agrava la escasez de personal sanitario femenino en Afganistán, uno de los países con la tasa más alta de mortalidad materna del mundo. Según el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), se necesitan urgentemente 18.000 parteras para cubrir la demanda de atención.
Organizaciones como Human Rights Watch (HRW) y Naciones Unidas han calificado esta decisión como una violación de los derechos fundamentales de las mujeres, señalando que se trata de un “apartheid de género”. Ravina Shamdasani, portavoz de la Oficina de Derechos Humanos de la ONU, condenó la medida por ser “profundamente discriminatoria y peligrosa”, advirtiendo que pone en riesgo la vida de mujeres y niñas afganas.
Mientras se imponen estas restricciones, el Ministerio de Salud afgano anunció la creación de un departamento para integrar prácticas de medicina tradicional, una iniciativa presentada tras una conferencia internacional en Beijing. Sin embargo, este avance contrasta con el deterioro del sistema de salud y el éxodo de profesionales médicos desde la toma del poder por los talibanes.
“Estas clases de enfermería nos daban esperanza después de estar aisladas en casa, pero esta esperanza también se acabó”, lamenta Wagma, estudiante de 28 años. La imposibilidad de que hombres atiendan a pacientes mujeres y la prohibición de formación médica femenina auguran una crisis sanitaria sin precedentes en Afganistán, donde, según informes, una mujer muere cada hora debido a complicaciones en el embarazo o parto.






