Caminar por ciertas zonas rurales de Colombia sigue siendo una completa ruleta rusa. El miedo a dar un paso en falso se ha convertido en una sombra constante, pues el conflicto armado continúa dejando trampas mortales ocultas bajo la tierra, listas para destruir familias enteras en cuestión de segundos.
La zozobra y el dolor invadieron a una comunidad que, una vez más, fue víctima de estos artefactos silenciosos y letales. Lo que debía ser una jornada habitual de trabajo terminó en una espantosa tragedia cuando un fuerte estruendo sacudió la tranquilidad del campo, alertando a los pobladores de que lo peor había ocurrido.
El lamentable suceso tuvo lugar en la vereda Moreno Cano, jurisdicción del municipio de Anorí (Antioquia). Allí, Carlos Mario Mejía, un minero de aproximadamente 40 años, pisó accidentalmente una mina antipersonal. La violenta explosión le causó la amputación inmediata de sus extremidades inferiores.
El alcalde del municipio, Gustavo Silva, confirmó la tragedia y detalló que, aunque una ambulancia fue despachada de urgencia para auxiliarlo, el hombre falleció en el camino antes de poder recibir atención médica. Esta zona del Nordeste antioqueño es escenario de cruentos enfrentamientos entre el Clan del Golfo, el ELN y disidencias, quienes siembran minas en su sangrienta disputa territorial.


