El eco de cinco ensordecedoras detonaciones rompió la aparente calma de la noche sabatina y transformó la alegría de una reciente celebración familiar en un luto desgarrador. Un humilde trabajador que se ganaba el sustento diario como vendedor ambulante en las calles cuyabras, encontró la muerte de la forma más violenta y sorpresiva, justo en el lugar donde debía sentirse más seguro: a las afueras de su propio hogar. El implacable ataque armado no le dio ni un solo segundo de reacción, desatando el pánico absoluto entre los vecinos que presenciaron la tragedia.
El verdugo, amparado por la oscuridad, al parecer acechaba pacientemente a su objetivo. Sin mediar una sola palabra, el criminal abordó a la víctima y accionó su arma a quemarropa, propinándole cinco certeros balazos en diferentes partes del cuerpo. El hombre se desplomó perdiendo la vida de manera instantánea sobre el asfalto. Pese a que el tiroteo alertó rápidamente a las autoridades y las patrullas del CAI Granada llegaron al sitio, el hábil homicida logró esfumarse como un fantasma por las posibles rutas de escape antes de que los uniformados lograran cercar la zona.
Este doloroso hecho de sangre se registró en el tradicional barrio Centenario de Armenia (Quindío). La víctima fue identificada como Julio Alfredo Ruiz Zuluaga, quien apenas cinco días atrás, el pasado 19 de octubre, había celebrado su cumpleaños número 40. El cuerpo fue inspeccionado por agentes del laboratorio móvil de criminalística y trasladado a la morgue de Calarcá, donde su desconsolada madre tuvo que afrontar el triste trámite de reclamar sus restos para darle el último adiós. La Fiscalía ya lidera las investigaciones para desentrañar los oscuros móviles detrás de este nuevo y estremecedor sicariato.


