Durante casi tres décadas, uno de los puntos más inquietantes del ascenso al Monte Everest ha sido un cuerpo congelado conocido como “Botas Verdes”, ubicado en la peligrosa “zona de la muerte”, por encima de los 8.000 metros de altitud. Ahora, las autoridades de India preparan una compleja operación para recuperar sus restos.
El cadáver, identificado popularmente por el color verde fosforescente de sus botas de montaña, permanece desde mayo de 1996 en una pequeña cavidad rocosa en la ladera del Everest, en la ruta noreste. Allí ha servido durante años como referencia visual para cientos de escaladores que intentan alcanzar la cima más alta del mundo.
De acuerdo con la Policía Fronteriza Indo-Tibetana (ITBP), se abrió una licitación para contratar una agencia especializada en rescates de alta montaña, con el objetivo de retirar el cuerpo en una operación prevista entre junio y septiembre. El plan contempla el descenso desde el lado tibetano, su traslado a Nepal y posteriormente su repatriación a India.
La misión no será sencilla. El cuerpo, congelado durante décadas y con acumulación de hielo, podría pesar hasta 200 kilogramos, y su recuperación se realizaría en una de las zonas más extremas y peligrosas del planeta, donde la falta de oxígeno y las bajas temperaturas elevan el riesgo para los equipos de rescate.
Según las autoridades, los restos corresponderían a un alpinista que habría fallecido durante la tormenta de mayo de 1996, una de las más mortales en la historia del Everest. La mayoría de las versiones apuntan a que se trataría de Tsewang Paljor, aunque otros informes sugieren que podría ser su compañero Dorje Morup.
Ambos formaban parte de un grupo de la Policía Fronteriza Indo-Tibetana que intentaba alcanzar la cumbre cuando las condiciones climáticas cambiaron de forma repentina, provocando la tragedia.
El cuerpo de “Botas Verdes” se ha convertido en uno de los símbolos más conocidos del Everest, donde se estima que permanecen más de 200 cadáveres debido a la dificultad extrema y el alto costo de recuperación en la montaña. Para muchas familias, sin embargo, la misión representa la posibilidad de cerrar un duelo abierto desde hace casi 30 años.








